En ocasiones la motivación para engancharse al fitness va más allá de que la clase nos guste o no. El fitness supone esfuerzo, ya que va acompañado de un cambio de registro bastante intenso. Todo aquello que cuesta está relacionado con cierta resistencia a hacerlo, por lo tanto, el fitness es una actividad que se elige, pero en cierta manera tiene un matiz de obligatoriedad ya que es una de las cosas más importantes que tiene que hacer un ser humano para llegar a un cuidado completo como persona. Elegir ropa deportiva, en consecuencia, nos posiciona y facilita cambiar ese registro y lejos de etiquetar esta ropa o la elección de esta como algo superficial, es una herramienta que prepara, que actúa como elemento o estímulo discriminativo, anunciándonos que vamos a cambiar de actividad y que elegir ropa deportiva para ese momento se puede convertir en un alto aliciente.
La música es otro estímulo dentro de los contextos en los que nos hallamos los humanos, quizá uno de los más potentes. La frase “Que la música suene más alta que tus problemas” indica que otra vez más es un aliciente con más fuerza que los propios pensamientos derrotistas o negativos que en muchas ocasiones se nos disparan para auto boicotearnos. Cuando tenemos un esfuerzo que nos está esperando al otro lado de la puerta, la música puede llegar entonces a tener un papel motivador que nos active y prepare para hacer deporte. Nos facilita para esta intensidad, frecuencia y duración que conlleva el movimiento, nos avisa del esfuerzo que va a suponer la actividad física. La música es un estímulo que produce vivacidad, buen humor, animación, entusiasmo, bienestar e incluso euforia, responsable de la activación que se necesita en esos momentos de gimnasio y entrenamiento.
Factores para estimular la motivación en la rutina deportiva
1. El compromiso con uno mismo es el factor con más fuerza para conseguir un objetivo. Muchas veces nos regimos por las opiniones de los demás para tener una imagen pública ‘ad hoc’ a lo que otros esperan. Por eso mismo, la decisión de cuidarse físicamente ha de surgir de una automotivación personal y profunda y no social.
2. La repetición de la actividad es otro factor fundamental. Estudios demuestran que una misma actividad repetida veintiún días seguidos se llega a convertir en un hábito y el hábito es lo que hace que se consolide esa actividad.
3. No volver a replantearse lo que ya se ha decidido previamente, es decir, la idea de hacer deporte de manera reglada. Si es una decisión tomada que ya nos hemos impuesto, debemos tener muy trabajado el tema de las expectativas y saber que en muchas ocasiones se nos va a plantear la duda de hacerlo o no ya que, insisto, el deporte supone un esfuerzo. Si cambiamos esta duda por la premisa de que decir no al deporte no es una opción, todo fluye de una manera mucho más natural para llegar a poder conseguirlo.
Por otro lado, la obtención de resultados evidentes es uno de los factores que más influyen a nivel psicológico y de motivación. Sin embargo, este tipo de resultados son a largo plazo, por lo que, aunque es altamente reforzante notar cambios en nuestra forma física a mejor, necesitamos estímulos a corto plazo que nos refuercen de manera mucho más directa, rápida y que vayan muy relacionados en espacio y tiempo. Por ello, la elección y cuidado de la ropa deportiva que elijamos, la música que asociemos, la estética del gimnasio, el gusto por ir en coche o transporte público disfrutando de la ciudad, incluso pensar en el café que vamos a comprar antes o después de la actividad, son refuerzos muy potentes para que haya motivación para hacer esta actividad de ejercicio. Siempre tenemos asociados otros estímulos; si no nos cuesta hacer deporte, seguro que el estímulo es muy consciente. Si nos cuesta, tenemos que buscar lo que yo llamo “ayudadores”.
Hacer deporte con amigas e incluso fijar un objetivo de ocio después de realizarlo puede ser otra motivación. Si tras una actividad que cuesta sabemos que va a haber una consecuencia positiva también llamada refuerzo positivo o premio, la probabilidad de que esta conducta de deporte se mantenga en el tiempo va a aumentar. El deporte tiene consecuencias positivas a corto plazo ya que se activan hormonas que contribuyen a que los neurotransmisores cerebrales responsables de la estabilidad emocional y psíquica se mantengan o aumenten. Sin embargo, esto no es algo tangible ni práctico y el ser humano aprende a repetir conductas, dependiendo de las consecuencias positivas que reciba tras esa conducta. Si visualizar ir al gimnasio va asociado con la idea de pereza o dificultad, poner esta visión entonces en que al terminar el gimnasio va a haber una actividad social que nos divierta, hace que pensemos más en el “premio” y nos disuada más del “castigo”, que supone hacer deporte para muchas personas.