Overthinking: cómo dejar de preocuparnos por todo

Pensar demasiado las cosas es algo que va unido a personalidades más inseguras ya que estas personas tienen una característica de base muy común y es la tendencia a la duda. Si entendemos por dudar a la “vacilación o falta de determinación ante varias posibilidades de elección sobre creencias noticias o hechos» la incertidumbre es una aliada en las personas con carácter inseguro. Pensar demasiado está basado en dar vueltas y más vueltas alrededor de un tiovivo con un alto porcentaje de irresolución de las cosas. Pensar demasiado es un acto obsesivo que tiene que ver con un altísimo grado de temor al error a equivocarse y, en definitiva, con miedo inmenso y desorbitado al fracaso. Todo esto lleva a buscar de manera patológica una solución perfecta y si lo perfecto no existe, los pensamientos jamás tendrán fin.

La clave está en saber distinguir entre ocuparse versus preocuparse. El ser humano adulto se caracteriza por tener la responsabilidad de procurar adaptarse al medio, compuesto entre muchas otras cosas, por lo que se viene a llamar contrariedades y entendiendo éstas como sucesos que retardan nuestros logros. La capacidad de ocuparse de estos sucesos que frustran es una habilidad que gozan las personas que llamamos funcionales, las que tienen capacidades de afrontamiento, y se ocupan en resolver los conflictos en el momento en el que estos ocurren. Preocuparse es el otro polo opuesto y tiene que ver con el desasosiego, la inquietud y el temor por algo que consideramos negativo. Preocuparse efectivamente es quedarse estancado en lo terrible que pasó y en lo dramático que podrá ocurrir, sin tener la consciencia plena de que nuestra mente ha de estar en el aquí y ahora de cada instante.

Dar vueltas a todo nos hace estar menos serenos y la pérdida de la calma es lo que genera infelicidad.Pensar en problemas que podrán suceder es dar vueltas al runrún de todos y cada una de las horribles dificultades que habitan nuestra mente. Aquí se da el famoso “¿y si?” que nos afecta y que nos lleva directos a una preocupación constante: ¿y si lo hubiese hecho de otra forma?, ¿y si pasa esto?, ¿y si puede que ocurra esto?, ¿y si hubiese dicho otra cosa?…

Somos menos felices si en esa rueda obsesiva de pensamiento aparecen los auto reproches que nos aniquilan y las comparaciones con los demás, que generalmente nos torturan, como las de utilizar palabras cargadas de emoción negativa: “debería de no haber hecho esto”, “debería de no haber dicho tal cosa”, “tendría que haber hecho y dicho esto otro”… De la misma manera, es imposible ser feliz cuando nos convertimos en adivinadores de pensamiento y hacemos predicciones con un 100% de seguridad del tipo: «seguro que piensan que…”, “seguro que me va a salir fatal”, “seguro que esto tiene una gravedad extrema”, etcétera. El gasto de energía es extremo: no hay peor ejercicio que hacer los 100 metros lisos dando vueltas en el primer metro cuadrado.

El ser humano es analítico, tiende a elaborar discursos y analizar conceptos. Sin embargo, quedase enganchado en un pensamiento es un acto obsesivo que lleva a lo que llamamos Rumiaciones Cognitivas Puras que conducen a la paradoja de la parálisis por análisis: bloqueo intelectual y emocional asegurado. ¿Qué hacer? Hemos de desmenuzar la palabra que lleva al acto de preocuparlos ya que preocuparnos está formada por el prefijo “pre” que induce a la preparación de la ocupación. Ante cualquier idea, por tanto, que ocupe de manera obsesiva nuestra mente inmediatamente la tendremos que asociar con una acción, una solución que nos haga salir de este bucle.

¿Cómo parar esos pensamientos?

Parar el pensamiento no es algo nada fácil. La frase mítica de lo que se “resiste persiste”, es un claro ejemplo que demuestra que la fuerza centrífuga y centrípeta funcionan en el mismo tiempo, en el mismo vehículo. El pensamiento no se para, el pensamiento se gestiona; los pensamientos no se enfrentan, los pensamientos se afrontan con el fin de conocer las causas reales que los provocan y el porqué y el para qué de estas causas. Intentar parar un pensamiento es como intentar parar y cortar de raíz un llanto o querer finalizar de golpe un ataque de risa. Es una tarea casi imposible o al menos bastante difícil. Sí que es cierto que existen diferentes teorías en la disciplina de la salud mental y algunas apuestan por herramientas como la visualización de la señal de tráfico de Stop que parece que ayuda a parar de manera brusca y seca nuestro discurso interno, de la misma manera que paramos nuestro coche cuando vislumbramos esa señal redonda blanca y roja. En mi opinión siempre es más eficaz llegar hasta la raíz del problema, a la base, y antes de enfocarnos en la manera de pausar este disco rayado, hemos de preguntarnos el porqué de nuestro perfeccionismo, de nuestras exigencias, del miedo a fallar, a equivocarnos, en el porqué de la obsesión, al miedo por las opiniones de los demás y, sobre todo, llegar a poder preguntarnos el para qué sirve pensar en el pasado y en el futuro si los dos ni ya existen, ni aún sabemos si van a existir.

Cualquier asunto en nuestra vida ha de estar debidamente colocado en departamentos estancos al mismo tiempo que ha de tener relación entre todos los contextos y dominios con los que cuenta la vida de un ser humano, sin que ninguno contamine al otro. Por eso mismo, la línea roja que limita lo funcional de lo disfuncional, lo normalizado y lógico de lo patológico, se reduce a tres palabras o conceptos: la frecuencia, la intensidad y la duración con la que pensemos sintamos y reaccionemos. Cuando los pensamientos se disparan en frecuencia extrema contaminan otras áreas. Si alguien se obsesiona con lo mal que le puede salir una presentación en su trabajo por ejemplo, de tal manera que finge una enfermedad para no asistir a su oficina, evidentemente ha pasado la línea de ocuparse del problema con responsabilidad. Su adulto se ha ido al traste dejando salir al niño lleno de miedos. Si la intensidad de la preocupación es también extrema y roza con una duración exagerada, eso también significa que nuestra gestión emocional es insuficiente. Lo disfuncional de pensar demasiado está relacionado con observar cuántas de las otras áreas de nuestra vida se han visto afectadas e infectadas llegando a contaminarse y a dejar de ser productivas y normalizadas.

Recomendación para hacer frente al overthinking

Hay muchas distinciones semánticas que al reflexionar sobre ellas nos dan insights acerca de matices que nos ayudan a reaccionar frente al aprendizaje de nuevos conceptos. Hagamos hincapié en la diferencia tan peculiar entre la acción de preocuparse frente a la de ocuparse. La preocupación lleva a la inactividad, la ocupación a la reacción, a las posibles soluciones.

Frente a sucesos desafortunados podemos también caer en el victimismo o por el contrario, hacernos responsables en buscar soluciones. Repetirnos que somos víctimas de un mundo frustrante nos aleja de poder hacernos cargo de ese mundo tan “tremendamente hostil” y poner el foco en soluciones. Y si no las hay, ponerlo en la tarea de aceptar y afrontar.

Vivir en modo “happy” es muy inmaduro; el ser humano debería de estar entrenado en saber dejar de preocuparse por ser feliz o infeliz cuando las cosas no salen bien ya que la alegría o la tristeza, lo bueno o lo malo, el éxito o el fracaso, tan solo son los dos polos de un continuo.

Hay mucho ser humano que se pasa la vida evitando lo negativo, con el foco puesto de manera equivocada en el éxito, como única manera de ser feliz.

Perseguir el éxito es lo que obsesiona y hace que un pensamiento sea obsesivo. Si el éxito es solo nuestro foco, un mundo de preocupaciones estará rondando de manera latente el terror a no conseguirlo.

Para mantener a raya salir del runrún que tanto desgasta, el antídoto infalible es el vivir en el presente. Si tenemos consciencia plena en las emociones que nos producen las acciones que ponemos en práctica en el aquí y en el ahora, el pensamiento lo llevamos justo a eso: al minuto, al segundo, a la atención plena en el puro presente. Es imposible tener esta intención de relación con lo actual y tener la mente en el País de las Maravillas de Alicia. Quizá en ese mundo no existía información sobre el Mindfulness; en este mundo, en el nuestro, afortunadamente tenemos multitud de bibliografía al respecto para poner en práctica y aprender esta actividad intelectual en la que se busca lograr un estado de atención centralizada en un pensamiento o sentimiento (felicidad, tranquilidad, serenidad, calma y armonía), un objeto,  la concentración propiamente dicha o algún elemento de la percepción (los latidos del corazón, la respiración…).Este estado se recrea tan solo en la potencia del momento presente y nos enseña a liberar la mente de pensamientos nocivos para poder vivir de manera plena.

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