Parejas en verano

¿POR QUÉ HAY MÁS DIVORCIOS EN VERANO? 

Es un hecho que el verano suele ser la época donde más parejas se rompen. Se trata de un problema puro de convivencia. Durante el invierno cada miembro de la pareja hace su vida de manera más individualizada, todo el contexto está muy estipulado, los roles en la familia están muy marcados, los fines de semana cada uno tiene sus hobbies, quedan a solas a cenar en grupos, hay menos tiempo para el encuentro de a dos, etcétera.

De esta forma, las parejas en crisis ni siquiera se dan cuenta de que lo están durante el año.

Pausar, parar la rutina durante la época estival hace que se pause también el “hacer” de las actividades, que nos quedemos a solas con el “ser” del otro en estado puro y nos percatemos de los sentimientos hacia ese otro han estado soterrados y aletargados durante el frío invierno.

En verano, en cambio, la convivencia pasa de cero a cien, no hay herramientas para saber convivir de manera cotidiana. A esto se une que se coloca en las vacaciones muchas expectativas, sin darnos cuenta de que debería de haber un periodo de tránsito, de transición para adaptarnos.

La consecuencia es que hay mucha frustración por parte de ambas personas porque es cuando se enfrentan cara a cara, conviven y no se gustan en muchas cosas que ni tan siquiera han podido observar de septiembre a julio.

¿AFECTA EL CALOR A LAS RELACIONES DE PAREJA?

Como en todo, existen los dos polos y, con respecto al calor, se pueden producir dos situaciones:

El calor aumenta en intensidad la producción de oxitocina y endorfinas, lo que acarrea que nuestro deseo sexual aumente. La oxitocina, también llamada hormona del amor, se libera durante las relaciones sexuales y produce un aumento del placer y todo lo relacionado con la complicidad de la pareja. Las endorfinas también se liberan durante el sexo.

La luz del sol de la época estival puede incrementar los niveles de testosterona y de estrógenos (hormonas sexuales del hombre y de la mujer respectivamente), favoreciendo el deseo sexual y con ello el estado de ánimo. El sol hace que se aumenten los niveles de serotonina, un neurotransmisor que nos ayuda a sentir placer y excitación sexual.

También son comunes las fantasías sexuales relacionadas con el verano; es una época de vacaciones en las que se suele detener todo lo laboral del invierno, y podemos estar más libres y dejar volar la imaginación. Los estímulos son más primitivos. Simplemente el hecho de que estemos con menos ropa, en traje de baño, implica más desnudez y con ello, más atracción entre las parejas.

El otro lado no tan bueno del verano con su calor y color tiene consecuencias negativas en algunas parejas; para algunas personas el calor sofocante hace que no apetezcan nada los encuentros sexuales en los que aumenta la temperatura corporal y el sudor, llevando incluso a la irascibilidad, enemigo número uno para la estabilidad de las personas en general y de las parejas en particular.

Cuando esto sucede, las diferentes maneras de tolerar el calor pueden producir enfados y desencuentros, facilitando episodios de crisis que provocan estados de incompatibilidad en la convivencia de las parejas, y con ello, el inicio de una disfunción en las relaciones sentimentales.

3.- EL PERIODO VACACIONAL DEBERÍA SER PARA DISFRUTAR. ¿CÚALES PUEDEN SER LAS  CAUSAS DE QUE SE PRODUZCAN DESAVENIENCIAS EN LA PAREJA EN ESTA ÉPOCA DE SUPUESTO DISFRUTE?

En mi opinión, durante el invierno, solo “miras” a tu pareja. En el verano, hay más tiempo para en vez de mirarse, “verse”. Y no nos sabemos reconocer. Solo nos miramos en la gestión de la convivencia, y nos ponemos muchos peros y hacemos muchos reproches. No nos relacionamos de una manera adulta, realmente haciendo el esfuerzo de encontrarse frente a frente con el otro.

Vivimos en un mundo compulsivo de consumismo. Consumimos en verano también un exceso de planes que nos hace alejarnos del “ser” que tiene el ser humano que tenemos al lado. No aprendemos a estar simplemente con el otro, conocerle y darnos a conocer.

El confinamiento nos debería de haber enseñado a priorizar y a valorar lo que tenemos, observando más lo que sí poseemos y no lo que nos falta. Sin embargo, la comparación es un enemigo número uno de la pareja. Durante el verano estamos dotados de mas tiempo para observar, y la comparación es un deporte nacional que acarrea muchísimo conflicto, frustración, inadaptación y sensación continua de carencias. Cuidado con hiper vigilar las redes sociales de los demás. No es oro todo lo que reluce, y no olvidemos que, en la actualidad, toda foto de los demás puede estar retocada. Las redes sociales sí, pero en modo  pausado y limitado. Vivir y disfrutar primero; contarlo o no contarlo después, son opciones. Las vacaciones son para experimentar lo que nos regala el sol, sin necesidad de mostrarlo cada minuto al resto del mundo, acto que nos desvía del otro, desvirtúa las realidades y se convierte en esclavitud del teléfono y de las opiniones de los demás.

La convivencia intensificada en relaciones deterioradas es otra causa. Se aumenta el tiempo compartido en las parejas que ya vienen con una desconexión intensa, y un nivel de conflicto elevado durante el resto del año. El verano entonces, hace que la caja de Pandora se abra y realmente se vislumbre las sombras que hay dentro de ella.

Durante las vacaciones estivales las parejas permanecen muchísimo más tiempo juntas, hay más acercamiento físico y se enfrentan a situaciones muy diferentes que a las del invierno. Hay contextos incluso en los que la convivencia es un deber y no una elección libre. Y eso pasa factura cuando tomamos consciencia de ello en la hamaca.

Durante el invierno, las ocupaciones cotidianas hacen que se olvide la principal ocupación de las personas en pareja que es cuidar a la tercera persona que es en sí misma esto mismo: la pareja y la llamada burbuja del amor, denominada “el espacio de bienestar y de encuentro del que disfrutan dos personas”. Si no disponemos de esa burbuja en los meses de frío, ¿por qué íbamos a tenerla cuando hace calor?

La calidad del amor es otra de las causas de ruptura. El estrés de la pareja en verano está más relacionado con la pura convivencia, con los múltiples viajes o con los miles de conflictos que acarrea la libertad estival de los hijos, que es vivida como la ausencia de libertad de la pareja. Si la calidad del amor no es buena, no hay buena canalización de los conflictos y todo esto se aleja del placer, del bienestar y de la diversión.

Los enamoramientos de verano son otra causa de crisis.  Muchas parejas se rompen porque se produce la situación de “Rodríguez”, es decir, aquel miembro de la pareja que se queda en la ciudad trabajando solo, o aquel otro que se queda solo sin trabajar en la playa. Se pueden descubrir mundos y amores que se salen de lo doméstico, de lo que algunos consideran aburrido. Enamorarse de alguien nuevo aporta las fuerzas necesarias para romper con una pareja que no estaba en su mejor momento cuando se dieron el hasta luego al comenzar el verano.

4.- ESTRATEGIAS PARA SUPERAR CON ÉXITO LAS DISCREPANCIAS CON LA PAREJA EN VERANO.

Un aspecto destacable es la frivolidad con que se rompen las parejas cuando en realidad la familia es el núcleo de referencia más importante en nuestra sociedad. Cuando una pareja empieza a tener conflictos, se apela a la herramienta de la separación como único instrumento de solución de problemas. En los conflictos con el resto de relaciones sociales (ya sean fraternales, laborales, amistosas o incluso vecinales) se barajan más soluciones para que sean reconducidas. Sin embargo, en las relaciones de pareja se asocian inmediatamente las discrepancias a la separación, cuando la solución no está ahí, sino más bien en recuperar el vínculo, siempre que se pueda.

Nunca diré que una separación es liberadora, porque separarse de una pareja que tiene miles de conflictos es escapar de algo que no sabemos gestionar y, desde mi punto de vista, las consecuencias de los divorcios son devastadoras. Soy de la filosofía del respeto al vínculo siempre en parejas normalizadas, y de que antes de tomar la separación como un elemento de éxito debería de hacerse un ejercicio de visión, es decir, poner a las personas que se quieren separar en la tesitura de verse en un futuro próximo, para que descubran realmente cómo sería. En parejas con hijos, casi nada va a mejor; luego vienen los duelos patológicos debido a que en ningún momento las personas dispuestas a separarse han hecho este ejercicio de visualizarse para verse en las primeras Navidades y vacaciones sin sus hijos, con custodias compartidas, etc.  sin darse cuenta, quizá, de que la relación con la expareja seguirá existiendo de por vida.

La separación resulta ser de la convivencia, pero no lo es del problema en sí y éste incluso puede ir a peor. Es importante un análisis de visión y, preguntarnos: ¿cómo estaríamos separados? ¿cómo nos sentiríamos sin los hijos, si el otro está con otra pareja? ¿Realmente está todo perdido? ¿Podemos pedir ayuda? ¿Hacer una terapia online? ¿Investigar por nuestra cuenta qué herramientas podemos empezar a desarrollar?

En las parejas con hijos, además, otro conflicto importante tras una ruptura es la autoridad con los hijos. En las familias cuyos padres no tienen complicidad ni el mismo sistema de valores, se ejerce la “autoridad cruzada”, es decir, que cada progenitor opina y da unas normas diferentes.

Y precisamente el verano es un período en el que se necesita mucha toma de decisiones porque cada día puede ser una aventura que supervisar de a dos. La pareja en crisis apaga fuegos sobre la marcha por la falta de rutina de estar de acuerdo durante el invierno Por ello, la gestión de los hijos careciendo de un sistema de autoridad igualado y prevaleciendo las opiniones cruzadas es una fuente continua de conflicto y frustración que debe observarse y trabajarse mucho.

Es muy importante el tema de las expectativas, tanto las de uno con respecto al otro, como viceversa. El verano puede ser un buen momento para hacer un ejercicio llamado “identidad pública” o hacer un pequeño taller de “convivencia” con un profesional para tener la intención de estudiar los dos juntos aspectos del desarrollo personal que desconocen.

La convivencia tiene mucho ver con la comunicación y ésta, con la conversación y ésta última, a su vez, con la escucha activa, así como con la comunicación no violenta. Es decir, todo esto son herramientas que, si no las identificamos de forma innata es muy difícil que las sepamos y las podamos utilizar.

Dentro de la comunicación, hay un ejercicio que es saber dar y recibir feedback por el que se pide a la pareja enumerar tres fortalezas que cree que son beneficiosas tanto para ella y como para el otro, con ejemplos, y también exponer tres áreas de mejora (no defectos) que considera que sería conveniente señalar, trabajar y vigilar por el otro, con ejemplos también. Este ejercicio se puede hacer en familia o en pareja, pero siempre con el compromiso de que es un feedback, por el que se da las gracias, y ni se tiene que justificar ni se polemiza. También puede hacerse pidiendo a 6-8 personas del entorno colaboración en este trabajo de desarrollo personal para mejora en la pareja. Es eminentemente sorprendente ver cómo todos, sin acuerdo previo, coinciden al enumerar tus fortalezas y áreas de mejora. Sorprende además que tu pareja también coincida con el resto en señalar las mismas áreas de mejora, por lo que ya no lo tomas como un juicio o crítica de tu pareja. Y eso es un gran regalo porque muestra el área ciega que todos tenemos, para poder mejorar. Y eso es precisamente lo bueno; saber que tenemos áreas ciegas a trabajar porque muchas personas ni saben que las tienen.

Vivimos en un mundo compulsivo de consumismo. Consumimos en verano también un exceso de planes que nos hace alejarnos del “ser” que tiene el ser humano que tenemos al lado. Hemos de aprender a estar simplemente con el otro. Conocerle y darnos a conocer. El confinamiento nos debería de haber enseñado a priorizar y a valorar lo que tenemos, observando más lo que sí tenemos y no lo que nos falta.

Otra herramienta como objetivo a trabajar para evitar llegar a septiembre con la vuelta oficial a la rutina, a las ocupaciones, al día a día tras las vacaciones y con una sensación de fracaso y de malestar por los desencuentros vividos estos días, es mantener a raya las expectativas poco realistas. A veces la crisis estival han sido pequeños desacuerdos que se han destapado en la convivencia, pero otras veces son el comienzo de la visualización de una crisis de fondo que no se va a arreglar simplemente porque comiencen los colegios y todo siga igual. Lejos de convertirlo en una preocupación pesimista, se puede considerar una ocupación importante a tener como prioridad.

En ocasiones, lo que queda es una toma de conciencia del no disfrute y una decepción tras las expectativas puestas en el otro y en las vacaciones.

Hay que conversar acerca de lo sucedido, si se quiere tratar de salvar la relación. Cuando hay intención de permanencia o de mantener la pareja, la ayuda terapéutica, la terapia, es una herramienta crucial.

A partir de ahí, tres claves: escucha, comunicación y negociación como pilares para construir unas vacaciones en el que las relaciones sean de igualdad y equitativas para todos. y se pueda disfrutar en un clima romántico y de cuidado al otro.

Una pareja que tenga un alto nivel de conflicto o de desconexión sentimental o sexual puede decidir separarse —una opción muy legítima— o bien decidir que después del verano buscará ayuda profesional. Si se opta por esta solución, hasta que no se inicie la terapia es recomendable que se pueda mantener la calma y las formas con el fin de reflexionar sobre lo que debe hacer cada uno para mejorar la relación o, como mínimo, tener claro lo que quieren y lo que no quieren de la relación y de la otra persona.

Se recomienda acudir a un profesional lo antes posible, ya que, si hay problemas relacionales y se retarda la petición de ayuda, puede que ya sea demasiado tarde, dejando apartados los prejuicios sobre la psicoterapia, ya que “Buscar ayuda profesional no significa que tú no seas capaz de superarlo, porque acabarás haciéndolo tú mismo, pero recibirás orientación y guía, y la ayuda de un profesional siempre es bastante fructífera porque hay que conseguir que confluyan las visiones de dos personas y ayuda a poner orden. La terapia de pareja permite comenzar a construir o reconstruir la burbuja que debe haber entre ambos” concluyen algunos de los más expertos psicólogos de nuestra actualidad.

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