El síndrome postvacacional es un término informal utilizado para describir un conjunto de síntomas y sentimientos que algunas personas experimentan cuando regresan al trabajo o a su rutina y obligaciones diarias, después de finalizar sus vacaciones. Estos síntomas se manifiestan con la aparición de la ansiedad, tristeza, irritabilidad, fatiga, dificultades para concentrarse, falta de motivación y malestar.
Este síndrome es una reacción normal y adaptativa desencadenada por la vuelta a la rutina. En principio, no supone estar frente a una patología, si bien es cierto que, en algunos casos, llega a ocasionar verdaderos cuadros de estrés agudo.
Después de las vacaciones, se genera una readaptación del cerebro a los horarios, las rutinas y el compromiso laboral lo que, a nivel psicológico, muchas veces desencadena y se manifiesta con signos como hastío, desencanto, tristeza, ansiedad, angustia, mal humor, irritabilidad, agresividad, o fobia social. Sin embargo, este síndrome también puede conllevar algunos síntomas físicos como trastornos del sueño, dificultades para pensar o concentrarse, pérdida de memoria, fatiga prolongada, debilidad muscular o agotamiento. En ocasiones, la presión de la vuelta al trabajo y/o a la rutina diaria puede causar estrés agudo con todas las señales que lo caracterizan: malestar, palpitaciones, sudoración, hiperventilación, taquicardias, temblores, etc.
Un problema transitorio que, en algunos casos, puede realmente convertirse en algo más preocupante, si los cambios adaptativos se perpetúan más allá de un mes.
¿Quiénes sufren este síndrome?
El trastorno adaptativo que experimenta el individuo tras el período vacacional puede ser más intenso en individuos especialmente predispuestos y altamente vulnerables.
Si tenemos en cuenta que aproximadamente un 70% de las personas no se sienten cómodas en sus trabajos, la inadaptación crónica al puesto de trabajo propicia la aparición del síndrome postvacacional.
Por otro lado, las personas que ya de base padecen un trastorno adaptativo de la personalidad, es decir, una respuesta psicológica inadaptada a una o varias situaciones estresantes que derivan en malestar y síntomas emocionales, son infinitamente más vulnerables a padecer síndrome post vacacional, ya que hablamos de una dificultad de adaptación a una situación o cambio vital importante.
¿A quién afecta más?
Las personas más propensas a sufrir el síndrome postvacacional son aquellas que tienen una menor resistencia ante la frustración, los trabajadores que disfrutan de vacaciones más largas, pero, sobre todo, es más frecuente que aparezca en empleados que tienen una visión negativa de su trabajo, no se sienten realizados y supone una obligación acudir a él.
Por otro lado, afecta en mayor proporción a aquellas personas que tienen déficit de atención y concentración, el famoso ya TDA-H, llamado trastorno por déficit de atención e hiperactividad, cuadro clínico que se da tanto en niños, adolescentes como en adultos. La vuelta a la rutina requiere de que todas las funciones ejecutivas del cerebro estén en su punto álgido de funcionamiento.
Competencias como:
• Planificación.
• Toma de decisiones.
• Establecimiento de metas.
• Organización.
• Inicio y finalización de tareas.
• Flexibilidad cognitiva.
• Monitorización y,
• Anticipación, son consideradas funciones esenciales que ayudan a adaptarnos a situaciones nuevas o diferentes a las últimas que estábamos haciendo.
Todo esto también tiene que ver con el desarrollo de la inteligencia emocional. A mayor nivel de conocimiento en conceptos que tengan que ver con nuestro autoanálisis personal, menor probabilidad a padecer este síndrome, ya que la identificación de lo que nos ocurre es la principal herramienta.
Pautas para afrontar la vuelta al trabajo
Como dice el refrán: “Más vale prevenir, que curar”, por lo que la mejor manera de combatir el síndrome postvacacional es prevenirlo para evitar su aparición.
Para ello, estas pautas pueden ayudar:
–Programación. Programar el regreso a casa de forma anticipada y relajada, evitando volver de las vacaciones justo el día anterior a la incorporación al trabajo. Lo mejor es regresar un par de días antes, para prepararnos física y mentalmente para el retorno a la actividad laboral.
–Graduación. Es aconsejable evitar acometer nuestras actividades habituales de forma brusca e intensa, sino dándonos tiempo para adaptarnos a la nueva situación y programarlas a lo largo del día en función del nivel de energía y humor que tengamos.
Al llegar al trabajo, no empezar la actividad de modo brusco e intenso, sino comenzar de manera gradual, intentando acometer primero, en la medida de lo posible, las tareas que nos resulten más gratas. Es beneficioso permitirse un tiempo para compartir las experiencias vacacionales con los compañeros de trabajo para propiciar un buen ambiente laboral.
–Organización. Es aconsejable mantener reuniones relajadas de inicio de ciclo, para definir y detallar los objetivos para el período que se inicia, los medios y las expectativas del equipo. Y también evitar “llevarse trabajo a casa”, dejar en el trabajo lo concerniente a éste.
–Actividades extralaborales. Lo mejor es reanudar las actividades de fuera del trabajo lo antes posible para adaptarlas a la rutina típica del periodo laboral y hacer ejercicio físico moderado a diario.
–Horarios y hábitos. A nivel personal, es conveniente adaptar los horarios a los habituales de forma suave y progresiva. Lo ideal es mantener cuanto antes horarios regulares tanto durante el día como en las horas de acostarse y levantarse. Aunque no sea algo directamente relacionado con el síndrome postvacacional, mantener una buena alimentación y unos hábitos saludables previos también puede ayudar.
–Relajación. Tomarse con calma la vuelta a la rutina también es un factor clave. Se debe evitar, en la medida de lo posible el estrés en el trabajo. Es importante destinar un tiempo a practicar la relajación, para eliminar pensamientos erróneos o ideas irracionales que puedan darnos ansiedad.
–Paciencia: El síndrome postvacacional es generalmente pasajero y, a medida que nos adaptamos a la vuelta de la rutina, los síntomas irán desapareciendo. No obstante, si se alargan un mes, es recomendable acudir a un profesional para pedir ayuda.