Neurocosmética o la conexión entre piel y psiquis

Aromaterapia

Cuando inhalamos ciertos aromas, las moléculas aromáticas viajan a través de la nariz y estimulan el nervio olfativo, el cual envía señales directamente al sistema límbico, la parte del cerebro que maneja las emociones y los recuerdos. Algunos aromas pueden desencadenar la liberación de neurotransmisores como las endorfinas y la dopamina, que están asociadas con el placer y la felicidad. Es por eso que ciertos olores nos pueden hacer sentir relajados, felices o incluso nostálgicos.

Aromas como la lavanda, el jazmín y la bergamota son conocidos por sus propiedades relajantes. Estos aromas activan el nervio olfativo, que envía señales al sistema límbico, incluyendo la amígdala y el hipocampo, que regulan nuestras emociones. La lavanda, por ejemplo, ha sido ampliamente estudiada y se ha demostrado que reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que induce una sensación de calma.

Neurocosmética

La neurocosmética surge de la unión entre la neurociencia y la cosmética, revelando una conexión profunda entre la piel y el sistema nervioso. Los neurocosméticos, formulados con ingredientes activos que actúan sobre el sistema nervioso central, pueden influir en nuestras emociones y estado de ánimo.

La neurocosmética se basa en el uso de ingredientes que pueden interactuar con el sistema nervioso a través de la piel. Estos productos contienen activos que pueden estimular la producción de neurotransmisores o mejorar la comunicación celular. Al aplicarlos, no solo mejoramos la salud y apariencia de la piel, sino que también podemos influir en nuestro estado de ánimo, reduciendo el estrés y promoviendo la sensación de bienestar.

Conexión entre la piel y el sistema nervioso

La piel es un espejo de nuestras emociones y estado de ánimo. Cuando estamos estresados o ansiosos, el cuerpo libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. Estas hormonas pueden causar inflamación, acné, enrojecimiento o empeorar condiciones como la psoriasis y el eczema. Además, el estrés puede afectar la barrera cutánea, haciéndola más sensible y propensa a irritaciones.

Dedicar tiempo a una rutina de cuidado personal puede actuar como una forma de mindfulness, ayudándonos a centrar la mente y reducir el estrés. Este acto de autocuidado puede fomentar una sensación de control y bienestar, disminuyendo la ansiedad y mejorando el estado de ánimo. Es un momento para desconectar del mundo y reconectar con uno mismo.

Uso de aceites esenciales a nivel terapéutico

Los aceites esenciales se utilizan en la aromaterapia para mejorar el bienestar físico y mental. Cuando se inhalan, las moléculas aromáticas entran en el sistema respiratorio y llegan al cerebro, donde pueden influir en el sistema límbico.

Además del efecto calmante que aporta la lavanda, los aceites esenciales tienen también muchas otras propiedades, como la analgésica, que suaviza el dolor, como el incienso; antiinflamatoria, que aportan los cítricos (naranja y limón); tonificante (activando la circulación), como el romero; o incluso estimulante, actuando sobre la digestión, disminuyendo la hinchazón del vientre como la albahaca. Otros, como el de menta, pueden aliviar dolores de cabeza y mejorar la concentración.

La aplicación tópica también permite que los activos penetren la piel, ofreciendo beneficios locales y sistémicos.

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