Irritabilidad en tiempos de pandemia

La situación actual puede hacer que nos enfademos con más facilidad y que estemos más irritables por todo. La irritabilidad es un sentimiento que se da en el ser humano como reacción observable ante diversos acontecimientos que nos rodean.

La situación actual de pandemia y post pandemia es un hecho real que ha acarreado un sobre esfuerzo de nuestros mecanismos de adaptación y una búsqueda constante de herramientas para la supervivencia de algo que ha terminado siendo extremadamente desconocido hasta entonces, con unos índices altísimos de presión hacia la gestión de las emociones.

La irritabilidad es una conducta que se observa a través del enfado, de la agresividad, de un mal uso de la comunicación llegando a ser violenta en la mayoría de las veces, así como de una “pésima” gestión en el control de los impulsos, siendo incapaces de reflexionar y postergar una respuesta inmediata que realmente es inadecuada, o siendo lo mismo, ser incapaces de “contar hasta diez.”

Aun así, la irritabilidad puede tener su otra cara de la moneda y es capaz de ayudarnos en algunos momentos.

  • En la actualidad, la irritabilidad puede darse por una baja tolerancia a la frustración que nos producen las múltiples restricciones a las que hemos estado sometidos, que por otra parte, se han producido por y para nuestra más absoluta seguridad vital. Cuando no alcanzamos lo que queremos o deseamos y las cosas suceden de manera contraria a lo que necesitamos, podemos reaccionar de dos maneras: aceptando la situación y manteniendo una respuesta serena o por el contrario, revelándonos ante la realidad y emitiendo respuestas que nos desenmascaran el que estemos irritados ante lo que consideramos es una catástrofe.
  • La tristeza como emoción de base, puede acarrear también una conducta de irritabilidad. Es más común de lo que pensamos, diagnosticar una depresión observando atisbos de irascibilidad.

Durante los meses de confinamiento el ser humano estuvo expuesto a situaciones extremas, desconocidas, provocadoras de gran angustia y, sobre todo, de miedo al contagio, a la enfermedad, al desempleo y al futuro. Dar una respuesta de irritabilidad es un mecanismo defensivo para protegernos de la tristeza y de los estados depresivos que esta situación en realidad nos provocaba. Es más fácil sobrevivir con rabia y enfado ante algo extremo que con la ausencia de energía que acarrean los estados anímicos bajos. Las guerras no se han ganado llorando, generalmente había “enfado” entre los dos bandos.

  • Podemos estar irritables en este estado de post pandemia, porque aun cuando la situación ha mejorado, nuestras vidas han cambiado radicalmente.

Las restricciones pudieron acarrear grandes e intensas carencias para el ser humano, un ser acostumbrado a vivir con una libertad determinada. Estas carencias pueden provocar desasosiego y rabia;

imaginemos a todo el colectivo de adolescentes y jóvenes que han estado privados de absolutamente todo a lo que estaban acostumbrados. Es una expectativa muy alta esperar otro tipo de reacción en algunos momentos que no sea el alto desagrado y descontento.

  • Por otra parte, el sufrimiento tiene memoria. Aun teniendo un presente y un futuro algo más esperanzador, el pasado no se olvida fácilmente, y podemos estar ante situaciones de estrés post traumático por el recuerdo de todo lo que empezamos a vivir en marzo de 2020, y nuestro carácter haya sufrido modificaciones y se estén moviendo nuestros pilares básicos. Está siendo un momento de recesión y puede que la irascibilidad sea la emoción más común, situación bastante entendible.

Recomendaciones para intentar no ‘saltar’ cuando algo no nos gusta

  • Ser conscientes de que tenemos dos opciones principales a la hora de reaccionar: el polo positivo, que sería la respuesta amigable y, por lo tanto, la socialmente aceptable y, por otro lado, la irritable y no aceptable.

El ser humano a veces cree que no puede elegir, y que las reacciones son imposibles de gestionar porque salen al exterior de manera demasiado automática. Esto no es así. Las emociones no son dueñas de nosotros, no son fantasmas que se apoderan de nuestra voluntad, sino que es el propio individuo el que decide gestionarlas o no.

  • La irritabilidad es una conducta que viene dada como consecuencia de habernos sentido mal y esta emoción es consecuencia a su vez de un tipo de pensamiento que hemos dado ante una situación.

Atender a nuestros pensamientos es darnos una oportunidad para revisar las interpretaciones que damos a los hechos y poder reconducirlas. Este modo reflexivo nos puede ayudar a gestionar la irritabilidad, conducta con muy poco resorte y que saca una parte muy impulsiva de las personas.

  • Entrenarnos en la herramienta de la Comunicación no Violenta, de Rosenberg es un buen antídoto para gestionar los enfados, o al menos “parecer “que no lo estamos.

Teoría facilitadora de la conversación, invita a nutrir nuestro repertorio de habilidades sociales para un buen funcionamiento adaptativo.

La respiración como herramienta de calma

La respiración es una de las herramientas más potentes en la gestión de las emociones que conocemos como “negativas”. Respirar es tomar conciencia del momento presente y es una vía para alcanzar una atención plena en nosotros, base de la disciplina de la teoría de mindfulness, que persigue traernos de manera constante al segundo, al minuto, al instante, desarrollando una estructura de personalidad mucho más liviana donde se aprenda a no dramatizar.

La estabilidad de carácter se adquiere cuando estamos en coherencia con la intensidad de los pensamientos, las emociones y la corporalidad.

Las técnicas de respiración son, por tanto, un instrumento que nos potencia el conocimiento de nuestro cuerpo, algo muy olvidado en los países de Occidente.

Respirar es parar para inhalar. Respiramos de manera automática y casi inconsciente. Ser conscientes en hacerlo nos requiere de un “darnos cuenta” de que hemos de pausar para coger fuerzas y elegir dar la respuesta más adecuada y adaptativa posible, para nosotros y nuestro entorno.

Ejercicios para rebajar los niveles de irritabilidad

1. Revisar nuestras necesidades, deseos y expectativas de manera diaria para manejar la frustración, antesala de la conducta de irritabilidad.

A más necesidades creadas, más deseo de alcanzarlas, y más expectativas puestas en la absoluta certeza de que los hechos así ocurrirán, por lo que “más grande será la caída” cuando veamos que la historia que nos habíamos contado no sucede… recordemos las rabietas de los bebés cuando se les cae el chupete. Un adulto con poca tolerancia a frustrarse hace más ruido que el patio de un jardín de infancia.

2. Cuidado con el perfeccionismo, suministro y combustible para poder pasar gran parte del día enfadados. Las personas perfeccionistas sufren de un alto grado de exigencia para con ellos mismos y para con los demás. El nivel de querer que todo sea impecable es una distorsión que les impide estar relajados y de buen humor. No hay nada menos apetecible que ser el invitado de unos anfitriones que limitan con lo obsesivo de la perfección: son incapaces de generar un ambiente distendido, que hace que parezca que les ha enfadado que hayamos aceptado la convocatoria de ir a su casa a cenar.

3. La hipervigilancia hacia los demás es un detonante para la posibilidad de ser o parecer irascible e irritado.

Un nivel de dependencia extremo al otro puede hacer que nuestra vida gire en torno a la vida de los demás, por lo que la posibilidad de enfados, desencuentros, y demás nos acercan a la tendencia a encontrarnos con una base de susceptibilidad importante que nos lleve al reproche de todo aquello que no nos gusta de los demás.

Esto tiene mucho que ver con el nivel de auto aceptación que tengamos.

Dedicar tiempo a nosotros mismos es auto cuidarnos, darnos prioridad y favorecer una autoestima más alta.

No solo hacer cosas que nos gustan, sino tener el compromiso de preguntarnos qué nos falta puede que nos haga estar de manera continua del lado del gusto por el aprendizaje.

Un compromiso con nuestro desarrollo en inteligencia emocional nos permite conocernos de manera más profunda y saber gestionar el enfado.

Una persona con autoestima alta conoce donde derrochar energía y dónde no.

Permitirnos la búsqueda del disfrute es desarrollarnos como adultos y saber gestionar las prioridades.

Favorecer momentos de decir Sí a aquello que nos gusta nos lleva a conectarnos más con nosotros mismos y por lo tanto de un conocimiento mayor de nuestras emociones.

Quizá entonces comprobemos que el elegir estar en modo irritable tiene doble trabajo: Enfadarse y desenfadarse.

Compartir en redes sociales este artículo:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

Suscríbete

¿Te gustaría recibir nuestros artículos en tu correo?