El límite (muy fino en ocasiones) entre hablar y cotillear

“Lo que pedro dice de Juan, dice más de Pedro que de Juan”.

El lenguaje es la herramienta que tiene el ser humano para poder comunicarse de manera oral utilizando la palabra.

Esta herramienta nos diferencia del resto de seres vivos, nos da el poder y el honor de ser sabios “homo sapiens”.

Lo que a veces no sabe el ser humano es que en muchas ocasiones cruzamos la línea fina entre hablar y cotillear, convirtiéndose esta última en un arma arrojadiza que puede aniquilar al de enfrente con más puntería que una bala.

Si el hablar nos permite que tengamos un vehículo para la supervivencia, para el entendimiento, para lo adaptativo y saludable, cotillear entonces puede suponer una traba para que nuestro sapiens retorne a reconvertirse en un “homo ignorare” o troglodita como en los orígenes prehistóricos.

1. ¿QUÉ ES HABLAR Y QUÉ ES COTILLEAR?

HABLAR ES PENSAR EN ALTO DE UNA MANERA OBJETIVA.

Ante las situaciones que nos acontecen de manera diaria, y los contextos a los que estamos sometidos, el ser humano produce un pensamiento o idea sobre ese contexto, de tal manera que dependiendo del pensamiento que tengamos, así será nuestra emoción y, por lo tanto, nuestra conducta. Hablar versus cotillear, son dos acciones muy distintas y, por lo tanto, dos respuestas totalmente extremas.

Cuando estamos ante un grupo de personas y se produce una conversación, podemos dar millones de interpretaciones a todo lo que escuchamos. Es en este momento, cuando ponemos en evidencia nuestro estilo de pensamiento, nuestra estética y ética respecto a verdaderamente cual es nuestra personalidad a la hora de relacionarnos con los demás.

COTILLEAR ES ANIQUILAR LA IDENTIDAD PÚBLICA DE ALGUIEN MEDIANTE LA PALABRA

El enemigo número uno que hace que alguien cotillee versus solo hablar es el empleo de los juicios.

Un juicio es una idea preconcebida, un pensamiento contaminado que tiene una persona acerca de algo o alguien.

Utilizar juicios negativos viene como consecuencia generalmente de un estilo de pensamiento rígido y en ocasiones muy extremo, de tal manera que personas racistas, sexistas, homófobas y clasistas se convierten en focos peligrosos para la creación de chismes que llevan a la conducta del cotilleo.

La película “La Calumnia”, de Lillian Hellman, es un claro ejemplo: una alumna de un distinguido internado femenino, con rasgos bastante oposicionistas y desafiantes, observa que las dos profesoras dueñas del colegio se despiden en el pasillo tras salir juntas del mismo dormitorio. La alumna, con su gran afán de protagonismo y manipulación comienza a dejar caer a sus compañeras una serie de indirectas directas que hacen que, tras un tiempo, se conviertan en un sólido argumento a favor de la duda sobre la identidad sexual de estas dos mujeres, asunto totalmente rechazado por entonces, pero que tristemente era la realidad de los años cincuenta.

Tanta presión tras este cotilleo llevan a un fatal desenlace por no poder soportar una de ellas lo que supuso ser una verdadera calumnia maliciosa y vengativa contra su verdadera condición, cualesquiera que fuera.

La línea fina entre hablar y contar chismes se da en el momento en el que nos olvidamos de los hechos objetivos y nos agarramos a nuestras opiniones cargadas de prejuicios peligrosos que llevan a poner en evidencia algo de alguien que no tiene nada que ver con la realidad, y generar un engranaje de historias que desemboquen en auténticas mentiras.

2. ¿CUÁL ES EL IMPACTO DEL RUMOR?

1. El rumor genera un ambiente tóxico. Entendemos por gente tóxica aquella que, con alto disimulo, llena el mundo y los ambientes de mucha carga negativa, ya que cuentan con altas capacidades para poder manipular de forma inmediata, automática y de manera inconsciente, a los que los escuchan y observan. ¿Qué persiguen con esto? Pues consiguen reactivar en el ambiente mucho estado emocional negativo e intenso y una sensación de no poder defendernos ni poder hacer nada por evitarlo.

2. El chisme se aleja de todo lo relacionado con las habilidades sociales. Las personas que emiten cotilleos tienen poca o ninguna habilidad en este sentido. Creen que con esta actitud de chismorrear atraen a fans o fanes escuchadores de sus incongruencias, sin saber que provocan todo lo contrario, un rechazo total por parte del colectivo de los empáticos, que evitamos a este tipo de chismosos y que observamos con gran perplejidad el cómo son capaces de tener algún aliado, ya que son expertos en crear adeptos por lo fantasmagórico de su discurso y el morbo intrínseco que llevan sus mensajes.

3. El rumor se aleja de los comportamientos asertivos, entendiendo que la primera ley de la asertividad es el respeto. Hablar calumnias sobre los demás, criticar su forma de vida, sus acciones, es una manera de auténtica falta de principios y de inconsciencia, y puede llegar a tener consecuencias irreparables ya que un bulo no se para ni detiene fácilmente; es como la pólvora; en décimas de segundo se expande y tarda en extinguirse.

4. El personaje que utiliza el rumor impide el flujo del divertimento, bloquea la emoción de la alegría a las personas que identifican que verdaderamente es un chisme y manipula a las que no tienen la intuición de detectarlos para que se sumen a ese mundo de publicidad engañosa consiguiendo cómplices para que repartan y reporten el bulo como un pregón.

5. El rumor provoca daños en la identidad pública de la persona que es criticada, atacando a sus derechos a no poder defenderse. Es un maltrato encubierto, un abuso demasiado permitido por la sociedad, considerándolo un mal mayor y no un casi delito.

6. Por lo tanto, el rumor es una forma de violencia encubierta, un abuso del poder de la palabra. El lenguaje no es inocente. Y utilizarlo con el fin de deteriorar a alguien o algo es una intención perversa, ya sea que se critique de manera consciente o inconsciente, con “buena” o mala voluntad. El efecto es igual de tóxico.

7. El bulo es una difamación, que puede provocar una contaminación en cadena, un efecto parecido al del juego infantil del teléfono estropeado, donde se susurraba al oído una palabra de manera muy rápida al de al lado y cuando llegaba al último, la palabra era años luz diferente a la primera.

8. El chisme crea indefensión aprendida. Una especie de bloqueo emocional y cognitivo nos envuelve a los que hemos sido criticados y hemos escuchado criticar a otros. Se genera una sensación de perplejidad y de desencanto y decepción con sentimientos de impotencia. El efecto es arduamente contaminante: se puede perder hasta la confianza en la esencia del ser humano.

3. CÓMO DEBEMOS ACTUAR CUANDO UNA PERSONA TIENE LA INTENCIÓN DE COTILLEAR Y DE PROPAGAR CHISMES CON NOSOTROS.

1. Comunicación no violenta:

Hemos de estar informados de lo que es una conversación violenta de la que no lo es. La comunicación no violenta, (CNV), estudiada por Rosenberg, basa su teoría en que ser «violento significa actuar de forma que lastima o daña una buena parte de nuestra comunicación, cuando incluye juzgar a otros, hacer bullying, tener mala intención y difamar a los demás”.  Sepamos esto para poder parar el discurso cuando estemos delante de alguien que genera chismes.

2. La base lógica de no hablar de alguien cuando no está presente:

Es de primero de EGB conocer la regla de que no se debe hablar mal de nadie y menos cuando ese alguien no está en ese momento. Seamos asertivos con las personas que chismorrean y seamos valientes y capaces de parar este discurso tóxico con un NO contundente.

3. Hechos versus opiniones.

Esta es una verdadera y útil vara de medir. Al escuchar el lenguaje del otro, hemos de estar muy atentos para percibir si habla de manera objetiva sobre realidades que se puedan comprobar frente a frases cargadas de opiniones personales con cientos de adjetivos dudosos; es muy diferente verbalizar “fulanito se ha roto una pierna” que declarar “qué habrá hecho el fulanito este para romperse la pierna”.

Cuestión de matices….

4. La intención paradójica es una herramienta algo frívola para probar a emitir nosotros un cotilleo y observar quien se engancha, pero funciona.

Aquel que se encadena de manera instantánea a nuestro discurso le podemos bautizar con el nombre de cotilla y ya saber en qué arenas movedizas nos movemos.

5. No prestarnos a ser suministro de estos personajes es otro punto para poder ponerles límites. Utilizar la herramienta de la extinción o retirada de atención es una manera de salirnos de esa rueda y que ellos sientan que hacemos como si no hubiésemos escuchado nada.

6. Ser asertivos y declarar en alto nuestro descontento y disconformidad, a veces es una actitud que podemos elegir cuando veamos que este tipo de conversaciones con tanto despropósito están cobrando demasiada intensidad.

7. No ser cómplices de estos extra habladores y tener muy claro que es un maltrato encubierto y una difamación, nos va a permitir posicionarnos en la consciencia de que es una conducta inadmisible, propia de psicópatas encubiertos con piel de cordero.

Con todas estas observaciones, comprobaremos que estas personas carecen de empatía y de inteligencia emocional e incluso puede que en algún momento decidamos retirarnos del juego y hasta regalarles el contacto cero, que no es otra cosa que la de decidir no querer ser de su “pandi” por nunca jamás.

Dime con quien vas y te diré quien eres.

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