Tips para superar el Ghosting

El “Ghosting” es un término inglés que viene a expresar la acción de actuar en las relaciones interpersonales como un fantasma, con la capacidad para desaparecer en cualquier momento y de manera extrema, no dando ninguna explicación ni posibilidad de tener ninguna conversación. Lejos de considerarse como un acto aislado, y con bastante matiz de perversión, está ya asociado como uno de los síntomas que ejecutan las personas que padecen un trastorno de personalidad, específicamente un cuadro de personalidad narcisista o de psicopatía integrada. Se refiere a personas que practican una delincuencia emocional, que están al límite de considerarse delictivos, porque producen unos daños psicológicos profundos en los otros, ya que en definitiva se trata de un abuso y de un maltrato emocional. El Ghosting es altamente adictivo para la persona que lo padece. El “fantasma” o el individuo que ejecuta esta práctica enfermiza utiliza a su víctima como suministro u objeto de deseo, donde poder canalizar toda su manipulación, consecuencia de una personalidad inmadura y carente de empatía.

Tips para superar el Ghosting:

1.         Identificación. Es la primera herramienta que necesitamos: conocer que hay una persona que ha decidido utilizar esta conducta inadecuada, dentro de su repertorio de acciones para con nosotros. Al estar informados, la sensación de angustia va disminuyendo ya que colocamos de manera precisa la atribución de responsabilidades. Aprendemos que “eso” que hace esa persona es una acción que tiene un nombre y un apellido. Nos informamos, y con ello nos formamos para poder identificarlo y actuar en consecuencia.

2.         La culpa. Cuando “nos” hacen Ghosting esto genera en nosotros una sensación de alta culpabilidad. Comenzamos a dudar de “si nos lo merecemos” o no. Nos preguntamos qué error hemos cometido, en qué hemos fallado, y en qué hemos contribuido mal como para ser “castigados” de esa manera. STOP a la culpa, no es nuestra. Hemos de identificar también que la acción de Ghosting, nos lleva a la tremenda disonancia cognitiva que no es otra cosa, que la de perder nuestra estabilidad al entrar en un círculo vicioso de duda. Distinguir entonces entre culpabilidad y responsabilidad es una herramienta. La víctima de Ghosting no es culpable. El que hace Ghosting es el que provoca una situación disfuncional, y el que lo recibe es un receptor y no un culpable; tan solo es responsable de saber qué hacer con ello y poder identificar que la culpa que siente no es real y aprender a protegerse.

3.         Las banderas rojas. Cuando alguien hace Ghosting, no lo hace de repente. Seguramente habíamos detectado con anterioridad algunas rarezas o conductas incoherentes y extrañas en el “fantasma”: quizá acciones relacionadas con el ninguneo, el abandono, la poca o ausencia total de priorizarnos, eran ya señales de alerta que nos estaban avisando del peligro y a las que no hicimos caso. Nunca es tarde. Aún habiendo sido ya víctimas de Ghosting y sin poder volver atrás, a partir de ahora daremos vital importancia a la intuición que saca aquella parte de nosotros a la que debemos dar prioridad mayor que a nuestro raciocinio, ya que éste va a tender a justificar todas aquellas acciones que de primeras sabemos que no están dentro de la normalidad o coherencia.

4.         El refuerzo intermitente. La persona que se va de esa forma vuelve a aparecer de la misma forma o peor. El desaparecer de esta manera repentina es una agresión. Se trata de una conducta típica del trastorno narcisista y psicopático. Generalmente la persona que recibe este castigo es una persona empática, víctima fácil por tener una estructura emocional coherente, ser confiados y confiables y con un alto grado de generosidad. Por ello mismo, las personas empáticas suelen ser más dependientes emocionales y van a ser específicamente sensibles a este tipo de abandono repetitivo. El Ghosting no tiene solo matices de castigo, sino que a veces se convierte en un refuerzo, ya que nos deja “atrapados” literalmente. Si una persona se va de esta manera, nos vamos a quedar esperando su vuelta, ya que es tan peculiar la forma de actuar que nos parece increíble que haya ocurrido, porque posiblemente días anteriores actuaría o actuó de otra manera totalmente distinta. Como hemos sido “premiados” con sus muestras de amor y “castigados” con su desaparición, nos quedaremos otra vez esperando la posibilidad de que aparezca de nuevo con un ramo de flores y pidiendo perdón. Independientemente de que esto ocurra o no, hemos de protegernos ante la llamada “indefensión aprendida”, ya que nos sentiremos desbordados emocionalmente y con sensación de inutilidad y de no saber qué hacer ni cómo actuar. Trabajar entonces la expectativa es una herramienta de protección, hemos de cambiar nuestro discurso interno y empezar a pensar que una persona que actúa de esta manera extrema va a seguir actuando de la misma forma. Hemos de identificar que estamos siendo víctimas de un maltrato, de un “ahora sí, ahora no”, que en definitiva es un abuso de nuestra estabilidad.

5.         La idealización. Cuando hay un Ghosting hay un abandono. Tras el shock que produce y cuando tras la tormenta, llega la calma, tendemos a olvidarnos del daño ocasionado y comenzaremos a revivir los momentos maravillosos. Esto se llama idealización, un mecanismo de defensa que nos protege de ser conscientes del verdadero daño y de la verdadera realidad. En la idealización nos conectamos con la parte “buena” o sana de esa persona, dándole entonces más valor del que realmente tiene. Entramos por lo tanto en un bucle de sufrimiento, echando de menos a la totalidad de ese ser amado, cuando en realidad echamos en falta lo que fue y no siguió siendo, atendiendo de manera selectiva solo a lo positivo y olvidándonos de las conductas que no debemos consentir. El que se marchen de esta manera es una conducta inadecuada, inabordable e inaceptable. Esa es la realidad. Una buena herramienta es tener apuntada y registrada a fuego la lista de los horrores, detallando una por una las conductas disfuncionales que el fantasma hizo, sin olvidar ni una sola de ellas. Esto nos puede ayudar a disminuir el nivel de idealización.

6.         Personalización. La persona que hace Ghosting, no NOS hace Ghosting. Somos víctimas del abandono, del abuso y de esta agresión, sin embargo, tenemos que trabajar el no victimizarnos, para no caer en el victimismo. El individuo que hace Ghosting tiene un problema, la persona que lo recibe tan solo es un instrumento para que el fantasma actúe como tal. Hemos de gestionar esta idea, aprender a poner límites y no personalizar el problema.  Lejos de caer en la trampa de meternos en círculos viciosos de preguntarnos “¿por qué a nosotros?, hemos de preguntarnos el “¿para qué a nosotros?”. Seguramente tenga que ver con que, a partir de ese momento, delimitemos de manera más drástica lo que no vamos a volver a permitir.

7.         Retirada de atención. El fantasma requiere atención. Tras desaparecer, espera que le busquemos y le pidamos explicaciones. A la persona que hace Ghosting hay que ignorarla, que es justo lo que no espera que hagamos. Esto se llama psicología inversa. Un ser que ha actuado de esta manera tan antisocial raramente puede estar preparado para una conversación adulta por lo que el foco no lo tenemos que poner en buscar poder comunicarnos con esa persona, sino en todo lo contrario: en la ausencia total de emoción hacia ella. La técnica de la piedra gris es una herramienta totalmente infalible; consiste en no regalar ningún tipo de emoción hacia el individuo que hizo Ghosting, ni positivo ni negativo. Mucho menos mostrar angustia extrema, desesperación ni revelar nuestro alto grado de dependencia emocional, con el fin de hacer una paradoja de lo ocurrido, una estrategia destinada a estos individuos manipuladores. La piedra gris implica actuar como si fuésemos insensibles, aunque en nuestro fuero interno no lo seamos. Para ello, evitar a la persona abusiva se convierte en un escudo protector. En el caso de que volviese a aparecer, hemos de poner el cuentakilómetros a cero, sin reproches, sin dramas, pero sin inocencia. Tenemos la responsabilidad de protegernos en un búnker con confianza nula hacia ellos. Esa persona ya tiene un histórico; seguramente no ha sido sincera y no tiene la más mínima competencia para tener una conducta adecuada con nosotros.

8.         La cosificación. Tras un Ghosting, te sientes utilizado, maltratado, ninguneado, abandonado y cosificado. Sentirse una cosa es sinónimo de sentirse despersonalizado. Los “fantasmas” suelen tener muy poca autoestima y suelen tratar a los demás de la misma manera que se tratan a sí mismos. Seres carentes de empatía, con un mal manejo de su inteligencia emocional, si es que la tienen. Tienden a tratar a las personas como objetos de quita y pon. Por esta misma razón es ahora más que nunca cuando hemos de utilizar el autocuidado como técnica. La rabia y la frustración que nos genera un Ghosting la podemos utilizar para destruirnos, aun más de lo destrozados de lo que nos hemos sentido. De esta manera empleamos la tristeza en nuestra contra, descuidándonos, deprimiéndonos e incluso abandonándonos, quedándonos a la deriva. Es el llamado auto boicot: emplear la rabia en contra de nuestra salud, cuando en realidad la vida nos puede estar diciendo que la revertamos a nuestro favor, y que la utilicemos para fomentar nuestro amor propio y mantengamos a raya la auto agresión. Es un momento para hacer todo lo contrario a lo que nos apetece, que es el estado de estar deprimidos. La rabia debe estar orientada a cuidarnos más, cultivarnos más, descansar más, divertirnos más y dejarnos cuidar más y mejor, como un reto personal, como una carrera sin fondo, sin elección.

9.         Los porqués. Cuestionarnos los motivos por los que una persona que hizo Ghosting es así, es un suicidio en vida, es imposible. No hay mente empática que pueda entender una mente psicopática. Ser psicópata es escapar a la ley de lo obvio, es violar las normas y reglas básicas de convivencia por lo que preguntarnos las razones por las que han hecho Ghosting es entrar en un bucle obsesivo sin salida. Los motivos por los que una persona se esfuma de esa forma son razones patológicas que no están al alcance de una persona que no esté formada en Ciencias de la Salud Mental. Preguntarse el porqué es devastador; primero porque no existe una única razón y segundo porque hay conductas extralimitadas de algunos seres humanos que son inabordables para otros. Entramos entonces en la aceptación como una de las herramientas que nos permite protegernos de este efecto de abandono y trauma que produce el que alguien desaparezca sin dar explicaciones. Aceptar a la persona que hace Ghosting no es sinónimo de quererla en nuestras vidas. Aceptar es asumir que hay personas que son y se conducen de manera muy diferente a la nuestra, que se alejan mucho de nuestros valores y tienen una ética muy diferente a la que tenemos nosotros. Aceptarlas es acatar que existen y que no somos nosotros los responsables de cambiarlos. Aceptar no es sino ver el “elefante” de que estas personas están en el mismo mundo en el que vivimos nosotros. Son personas con patologías afectivas cuyas conductas son dañinas y, por ello, hemos de alejarlas de nuestro entorno.

10.       Ánimo de venganza. Tras un Ghosting, pensamos que quizá lo único que nos queda es vengarnos. Puede que aparezcan en nuestra mente millones de formas de revancha. Es un sentimiento lógico ya que la rabia es una emoción justificada ante esta agresión. Pensar en venganza, no es lo mismo que hacer un ajuste de cuentas con sicario contratado; nos convertiríamos en cómplices de acciones antisociales. La mayor y mejor forma de venganza es olvidarnos de que queremos hacerlos. Hemos de colocar a la persona que hizo Ghosting en su lugar adecuado. Para ello, otra herramienta es la de elaborar nuestra particular y única lista de valores o cualidades positivas que nos diferencian de todas aquellas personas de moral dudosa, y afianzar nuestra emoción en la base de esos valores nuestros, como puntos de referencia inamovibles. La persona que ha hecho Ghosting seguramente estuviera rodeada de otros aspectos que denotaban falta de ética, que hacían que pudieran tener matices algo turbios. Al haber estado con este tipo de personas disfuncionales, nuestra personalidad ha podido verse contaminada de sentimientos oscuros que nada tienen que ver con nuestra verdadera esencia. Volver a recordar nuestra escala de valores nos permite tomar perspectiva y decidir con contundencia que Ghosting es una conducta propia de personas con una anomalía mental enfermiza.

De la misma manera, un empático también puede desaparecer, bloquear o eliminar de contactos a este tipo de personas. La conducta es la misma, pero los matices son muy diferentes. Cuando un empático hace un descarte o Ghosting es una prueba de supervivencia, para poder cortar una relación de peligro y apartarse definitivamente de esa persona dañina. Es una manera de autocuidado y de amor propio. Es la señal definitiva de que poner tierra de por medio es la única forma de finalizar el contacto con este tipo de trastornados emocionales que carecen de aptitudes mínimas incluso para poder terminar una relación sentimental de manera adulta, ya que su estructura de personalidad no les permite tener conversaciones ni comportamientos coherentes de igual a igual.

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