LA PRESIÓN ANTE EL ESPEJO

El espejo no es sino nosotras mismas vistas del revés vistas desde el otro lado. El espejo hace de nosotras, mirándonos a nosotras. Y un espejo no es sino un objeto que nos ayuda a desdoblarnos; es una especie de facilitador para decirnos “hola, ¿quién eres?” “hola, ¿cómo estás?” a nosotras mismas.

Entonces la primera reacción que tenemos al mirarnos al espejo va a revelar la relación que nosotras tenemos con nosotras y, sobre todo, con el mundo, nuestra posición con el mundo. Antes de mirarnos del cuerpo deberíamos hacer otro ejercicio previo y es el ejercicio de mirarnos a los ojos. Es un ejercicio que hago mucho con mis pacientes incluso en consulta, tengo un espejo a mano y el 99% de las personas jamás se han mirado a los ojos. Es verdad que nos hemos mirado al espejo para pintarlos para peinarnos…  pero no nos hemos mirado a los ojos a reconocernos, a mirarnos nuestra mirada. Es un ejercicio de una puesta en realidad que muy pocas personas son capaces de tolerar. Cuando nosotros nos miramos lo primero que decimos de nosotras mismas tiene mucho que ver como el cómo nos relacionamos con los demás. Cuando nos miramos al espejo y decimos: “¡qué gorda estoy!” está delatándonos una parte crítica; seguramente nosotros cuando nos relacionamos con los demás también vamos a poner esa parte crítica. Si aprendemos a mirarlos y nos decimos: “hola ¿cómo te encuentras? ¿qué emociones tienes hoy? es una prueba de que nos relacionamos con los demás teniendo mucho compromiso en sus emociones, en saber cómo están, en saber cuál es su momento emocional en ese instante. Es decir que lo que más digamos a nosotras mismas cuando nos miremos desnudas ante el espejo es un claro reflejo de cómo nosotros nos posicionamos en el mundo y con los demás. Sobre todo, es un experimento para ver en cuánto de sentido crítico ponemos y si es un sentido crítico de mejora, un sentido crítico de autoexigencia, de perfeccionismo y desde donde nos contamos la película. Yo no sé si todas nos aceptaríamos si nos mirásemos desnudas ante un espejo. Yo creo que la gran mayoría se rechazaría porque miraría más, insisto, las áreas de mejora que las fortalezas. Sobre todo, también tenemos una tendencia al consumismo de la perfección, a consumir perfección no a consumir la calidad. El ejercicio sería aceptar la realidad; aceptar el aquí y él ahora, lo que tenemos este instante, este minuto y eso es lo verdaderamente difícil. El mirarnos al espejo y no aceptarnos tiene mucho que ver con que no miramos el aquí y el ahora y no aceptamos el carpe diem, el minuto en el que estamos y no somos conscientes de que solamente tenemos eso. Tenemos tanta obsesión por el cambio a mejor que no disfrutamos del momento que tenemos, no lo aceptamos, no lo vivimos porque tenemos una tendencia a irnos más al pasado (lo que pudo ser y no es) y al futuro (lo que podemos cambiar) pero pocas veces hacemos ese ejercicio de mirarnos a los ojos y saber que es el único instante que tenemos.

Aceptarnos tal y como somos

Cuando nos miramos al espejo no tenemos que pensar. Ese es el error. No hay que pensar nada, hay que vivirlo, hay que sentirlo. El ser humano está construido por algo que los psicólogos llamamos estructura de coherencia que justamente es eso: ser coherente con nuestros pensamientos nuestras emociones y nuestro cuerpo. Lo que pasa que el pensamiento lo distorsionamos, somos seres más racionales de lo que deberíamos de ser. Hay unos prejuicios, unas historias que nos contamos que forman parte ya de nuestro repertorio de ideas, de creencias. Y al mirarnos en el espejo tenemos que sentirnos, que vernos, ver esa realidad, mirarnos sin pensar y, de esa manera, conectarnos con lo que es la corporalidad, sin pensar. El pensamiento es una cosa, la corporalidad es otra y la emoción es otra, pero no nos han enseñado a que podemos relacionarnos con nosotros mismos desde los tres niveles. Estamos más enseñados a pensar, interpretar dar ideas, emitir juicios, dar más importancia al lenguaje. No nos han enseñado a simplemente sentirnos, mirarnos el cuerpo y sentir el tacto cuando nos tocamos, el olor, la vista…, sin pensamiento.

Antes de mirar el cuerpo, tenemos que mirarnos a los ojos y presentarnos mentalmente. Y, antes de mirarnos y de pensar si nuestro cuerpo nos gusta o no, tendremos que decirnos cómo nos sentimos, cómo nos encontramos, qué emociones tenemos, cómo nos caemos a nosotros mismos, preguntarnos si nos gustamos como persona, si nos gustan las emociones que tenemos, reconocernos mirándonos a los ojos. Para sentirnos, para poder poner más el foco en la emoción, en la conexión con nosotros sin forma. Cuando estemos preparadas para sentirnos, para poner los pies en la tierra, para sentir que tenemos valor simplemente por existir, no por nada más. Después de eso, de respetar nuestro valor, tendremos que el cuerpo es una manera que tenemos de ser tangibles y de tener una forma física y tenemos que aceptar la realidad de que ese cuerpo es el que tenemos, que esa es la base de la que partimos y desde ahí detectar cuáles son nuestras necesidades y deseos con respecto a nuestro cuerpo. Si nosotros tenemos una necesidad de adelgazar porque es una realidad que nuestro cuerpo estaría mejor que fuese más delgado, lo ponemos en deseo y luego vemos si la expectativa es realista. Y ese es un ejercicio práctico de trabajar con nosotros. Pero si vemos que nuestro cuerpo ha envejecido, tenemos que aceptar la realidad y la expectativa de que ese cuerpo vuelva a ser joven es altísima (a no ser que nos sometamos a cirugías estéticas interminables). Se puede mejorar, pero no se puede cambiar. Ésa es la diferencia, cambiar es imposible, mejorar es posible.

El autorreconocimiento antes que la autoaceptación

Antes que la autoaceptación hay que trabajar el autorreconocimiento. Es decir, el autoreconocer la realidad que el espejo nos muestra. Esa es la realidad. Antes de la aceptación de la forma que tiene nuestro cuerpo, está la aceptación de nosotros mismos, no solamente como cuerpos, sino como un todo. Hay que conectarnos con la emoción. Entonces no estaremos hechos solamente de forma, sino que estaremos hechos incluso de emociones. Y lo que tenemos que aceptar también es la tendencia que tenemos a querer cambiarnos. Más que tener que aceptar nuestro cuerpo, tenemos que aceptar que a veces no nos gusta el cuerpo que tenemos y entonces trabajaremos no solo la autoestima y la seguridad en nosotros mismos, sino que reforzará en esos momentos ya la aceptación de la realidad.

En definitiva, el quid de la cuestión está en la diferencia entre mirarnos en el espejo, y vernos en el espejo. Cuando nos miramos solo miramos la forma y cuando nos vemos, vemos más allá: vemos las formas, las emociones, nuestro interior y nuestra relación con el mundo.

Compartir en redes sociales este artículo:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

Suscríbete

¿Te gustaría recibir nuestros artículos en tu correo?