CÓMO NOS AFECTA EL AMOR A NIVEL PSICOLÓGICO

Aunque por orden de importancia nos han sugerido que son la salud, el dinero y amor las prioridades en nuestra vida, la flecha de Cupido sigue siendo lo más anhelado en el ser humano de a pie.

El amor modifica nuestro cerebro e induce a cambios en nuestro sistema nervioso central, pues activa un proceso bioquímico que se inicia en el córtex, da lugar a respuestas fisiológicas intensas y produce una gran sensación de euforia (similar al de algunas drogas como la cocaína).

Las muestras de cariño ya sea en forma de caricias, de abrazos o besos ayudan a generar endorfinas, debido a su combinación con la liberación de feromonas, promoviendo una mayor sensación de placer, bienestar y felicidad. Y un escalón más arriba, las relaciones sexuales es una de las actividades que más consigue aumentar la liberación de endorfinas. En la cima, el amor y enamorarse producen las mayores sensaciones de felicidad, euforia y placer, gracias la gigantesca liberación de endorfinas que produce el enamoramiento.

Sin embargo, aquel que cree de manera errónea que el estar enamorado es el estado perfecto, no solo sigue ingenuamente y aún adulto creyendo en los Reyes Magos, sino que está en la línea fina y en la cuerda floja de tener todas las papeletas para convertirse en un dependiente emocional.

Es por ello que hay que distinguir claramente entre amor y apego. Mientras que el amor viene definido como “un sentimiento de afecto, pasión, intimidad y compromiso genuino que una persona siente hacia otra”, proyectado a largo plazo y que tiene connotaciones de aceptación y respeto a la esencia de ese ser humano que hemos elegido, el apego es una emoción mucho más impulsiva, primitiva e inmediata que nos lleva a actuar de una manera muy irracional, y como si de un capricho se tratara, meternos en batallas imposibles y querer mantenernos en ellas luchando sin espada, ya que el único objetivo es evitar perder a esa persona a la que nos hemos apegado e incluso pegado.

Amar sin apego no significa dar un amor de menor calidad o querer menos. Es priorizar nuestra autoestima y defender el amor propio como parte emocional fundamental para saber querer de manera adulta, madura e independiente, teniendo muy claro por supuesto que nadie “necesita” de manera vital estar en pareja, sino que es un aditivo más, un cumplimiento de nuestra lista de deseos, un plus sin ser condición necesaria, aunque a veces sea suficiente para sentirnos mejor y mejor acompañados, siempre y cuando esa compañía nos lleve a sentirnos mejor.

El amor libera. Todo lo que ata, condiciona y manipula, no es amor. La adicción emocional viene dada por un patrón de comportamiento donde la persona actúa de modo irracional. Siente necesidades extremas e imperiosas, dañinas, y basa toda su vida en la relación que tiene o tuvo.

Existen personas que nos aman profundamente y, sin embargo, nosotros no lo vemos, ya que nos cuesta darnos cuenta generalmente por un sinfín de razones psicológicas que tienen que ver con la inseguridad y la sobre exigencia. Y por otra parte existen personas que deciden no querernos e irse, o lo que es aún peor, no querernos y quedarse, asunto que se convierte en un maremoto cuando el rechazado se empeña en no serlo y mantenerse en esa pareja por una especie de obsesión patológica, origen de lo que denominamos relaciones sentimentales de dependencia emocional y apego disfuncional.

Pasan por mi consulta gran número de pacientes con dependencia o adicción a otra persona. Se trata de una patología basada en necesidades emocionales no satisfechas, que la persona intenta cubrir con otras personas de forma desadaptativa, excesiva y mantenida en el tiempo.

Compartir en redes sociales este artículo:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email

Suscríbete

¿Te gustaría recibir nuestros artículos en tu correo?