La importancia del sentido del humor

El sentido del humor es una actitud del repertorio conductual humano que permite afrontar la vida, su día a día, sus sombras y sus luces y sus derrotas y batallas perdidas.

El sentido del humor es una actitud del repertorio conductual humano que permite afrontar la vida, su día a día, sus sombras y sus luces y sus derrotas y batallas perdidas. Es una gran habilidad humana que facilita saber y poder interpretar el mundo con una mirada cargada de muchísima inteligencia emocional e intelectual. Tener sentido del humor es tener un hacha en la mano para ir segando todas y cada una de las malas hierbas del camino, seguir adelante con actitud positiva y, sobre todo, preservar una autoestima a prueba de bombas.

No todo el mundo tiene sentido del humor porque es una actitud basada en un punto de referencia marcada por las aptitudes que una persona posee. En algunas ocasiones se pueda aprender ligeramente si es que se carece de sentido del humor, pero no es lo usual. El sentido del humor proviene de un desarrollo en inteligencia que está relacionado con las aptitudes de la persona y éstas con las competencias. El sentido del humor, por tanto, va de la mano de tener la capacidad para hacer giros en todas aquellas creencias o pensamientos que nos vuelven derrotistas. Una persona pesimista, dramática, con sesgo a ver lo oscuro de las cosas tiene mucho trabajo por delante para llegar a ser optimista y tener sentido del humor.

Las personas que no tienen sentido del humor suelen tener poca capacidad intelectual y, por otro lado, son poco flexibles y muy impermeables. Son personas que tienen creencias y pensamientos muy limitantes, que son los responsables de cómo actúan en sus vidas. Tienen esa incapacidad de ser permeables, de cambiar las creencias en momentos determinados y hacer giros de humor. Tiene que ver también con la capacidad del lenguaje, cuanta más capacidad en un lenguaje rico se tenga, más posibilidad de poder jugar con las palabras y de alcanzar un sentido del humor, que va más allá de la carcajada.

Carecer de sentido del humor es carecer también de los mecanismos defensivos que debería tener el ser humano contra el dolor, el sufrimiento, la angustia, las muertes, los duelos, las quiebras económicas…. Es un mecanismo defensivo para no dramatizar los acontecimientos y cambiar incluso el pensamiento. Nuevas conversaciones con nosotros mismos generan nuevas realidades y depende de lo que nos digamos, así actuamos. De esta forma, no tener esta herramienta puede llevar a cuadros de depresión, angustia, ansiedad y todas las las dolencias emocionales que tratamos los psicólogos.

Hay muchos tipos de sentido del humor. Freud decía literalmente que “el chiste es una formación del inconsciente”, es decir, que al igual que los sueños y otras formaciones del inconsciente, los chistes nos dan información sobre aquello que está reprimido. Aunque no todos los chistes son interpretables de esconder un deseo negativo, a veces el sentido del humor va más allá de ser gracioso. Desde este punto de vista hay muchísimas personas que utilizan el sentido del humor como una manera de agredir de manera enmascarada. Otra vez más Freud decía que “cuidado con los chistes y con las bromas” porque, aunque podamos decir que la intención sea esa, hacer un chiste o hacer una broma, puede ser un maltrato sutil. A través de la excusa de poder decir algo desde el sentido del humor, uno puede darse permiso para machacar o agredir a la persona que tiene delante. Bajo la excusa del sentido del humor, puede haber muchísima manipulación, cayendo incluso en la agresión o maltrato psicológico subliminal. El sentido del humor puede ser una manera de manipular al otro y decirle cosas o hacer cosas para maltratarle de una manera bastante perversa.

Las investigaciones sobre si el sentido del humor es genético o cultural concluyen que lo que sucede es que cuando somos niños no nacemos teniendo sentido del humor, sino que lo vamos adquiriendo a medida que vamos interactuando con nuestras familias, nuestros padres o nuestros modelos de referencia. Mientras vamos creciendo y de una forma paulatina, vamos aprendiendo lo que se considera divertido y lo que no lo es, a través de las conductas y las respuestas que dan nuestros modelos, nuestros progenitores. Las investigaciones también aluden a que el sentido del humor, la alegría, la risa, la simpatía de algunos niños o la carencia de ella suele ser muy similar a la de, al menos, uno de los padres o progenitores. De hecho, estos estudios concluyen que el sentido del humor no está codificado en los genes de los bebés, sino que éste se empieza a desarrollar entre los 6 y los 12 meses de edad, pero sobre todo a partir de la relación con los padres o los allegados. Este estudio es de la universidad de Nuevo Hampshire.

El sentido del humor se puede desarrollar, pero no es de las cosas más fáciles de aprender en adultos. A tenor del mencionado estudio: de padres con sentido del humor nacen hijos con este sentido, de lo contrario, no. Y desarrollar este sentido no es fácil porque tiene que ver con un cambio muy profundo de nuestras creencias y de nuestro lenguaje, ya que el sentido del humor tiene muchísimo que ver con el lenguaje. No se trata solamente de una risa o una carcajada, sino de cómo utilizamos las frases y lo que decimos, los giros que damos y eso tiene una relación muy estrecha con el pensamiento. Por tanto, hay que modificar las creencias y utilizar un nuevo lenguaje para interpretar la realidad porque dependiendo de lo que interpretemos y de lo que pensemos sobre esa realidad, tendremos un lenguaje mucho más liviano, lleno de cosas más positivas.

Un dato muy curioso es el de que hay personas que aprenden el sentido del humor por oposición; es decir, de unos padres rígidos y dramáticamente intensos, hay hijos que aprenden el humor como rechazo a este tipo de educación tan carente de momentos livianos y divertidos.

Para fomentarlo en los niños, lo mejor es hacer cosas divertidas. Está comprobado que los niños alrededor de los 4 años ya pueden tener aprendido el sentido del humor por imitación. Cuando un padre juega a ser niño, el niño obtiene permiso para hacer lo que el padre hace y entonces se da el aprendizaje vicario, la imitación. 

Desdramatizando, contando las cosas de manera divertida, tener vocabulario e historias entretenidas para contar la realidad. En vez de fijarse en las cosas negativas, fijarse en las positivas. 

Otros modos de fomentar el sentido del humor son: dar libertad absoluta a la carcajada, no coartarla ni reprimirla porque es un sonido que se contagia; encontrar la parte curiosa y original de las cosas; jugar, es algo que alimenta muchísimo sentido del humor en los niños; y, sobre todo, evitar el perfeccionismo, la exigencia y una relación normativa. 

Reírse ante los errores o fracasos, enseñarles que el error es sinónimo de aprendizaje.

El humor es una herramienta para la desconexión emocional. Es un mecanismo psicológico que ayuda a tomar distancia, para poder reírnos y divertirnos y tomar perspectivas diferentes a nuestra vida. Ayuda también a nuestra autoestima porque cuando no nos auto compadecemos, no nos victimizamos y no nos culpamos de las situaciones, es una especie de autocuidado a nosotros mismos que nos lleva a tener una autoestima bastante importante. En definitiva, nos ayuda a sobrellevar el dramatismo de los acontecimientos del día a día, nos ayuda a ocuparnos de las cosas en vez de preocuparnos por ellas y hacer que los problemas se conviertan en contrariedades. El sentido del humor permite llegar a la liviandad, al alivio, a lo contrario a la densidad. Además, el sentido del humor a través de la risa y la carcajada libera endorfinas en el cerebro, ayuda a controlar el dolor y promueve la sensación de bienestar. Los efectos de estas endorfinas son parecidos o iguales a lo que produce la actividad física e incluso estudios aseguran que se asemejan a los efectos de los opiáceos, sin que tenga las consecuencias tan nefastas que tienen las drogas.

Desde mi punto de vista el sentido del humor está relacionado con ayudarnos a tener muchísima seguridad en nosotros mismos. Las personas con sentido del humor tienen una posición especial en la sociedad, en el grupo, más poderosa de lo común, porque está comprobado que las personas con queja continuada no generan admiración. El posicionamiento que también nos da el sentido del humor es de alguien que tiene capacidad de hacer reír a los demás y, por tanto, con muchísimo valor. Esa capacidad es un síntoma de inteligencia y divertir a los demás es un don que se considera como algo muy potente que distingue a las personas locuaces de aquellas que son tóxicas y cuya compañía genera toxicidad.

Las personas con sentido del humor tienen más herramientas para afrontar el estrés, les ayuda a adaptarse a los ambientes hostiles, atraen a la gente. El sentido del humor libera también serotonina que es un neuroquímico que se asocia al placer y a la felicidad. Por tanto, sí tiene que ver con la felicidad, y sobre todo, con la serenidad y la gestión de emociones.

Capta la atención de los oyentes, de las personas que están a nuestro lado, incluso hay estudios que dicen que las personas con sentido del humor tienen muchísimo más éxito profesional y económico porque atraen en las conferencias, en la manera de vender el producto, de relacionarse, ya que crean una conexión única y captan toda la atención.

Mejora la retención de memoria a largo plazo. Estudios llevados a cabo por psicólogos especializados, como Melissa D. Wancer, explican textualmente que “el humor unido a mensajes instructivos obtiene la atención de los oyentes, les ayuda a entender el contenido del curso y aumenta la capacidad de éstos de procesar el contenido, lo que da como resultado una mayor retención y aprendizaje”.

El sentido del humor es clave para relajar a las personas porque actúa como una especie de protector frente problemas. 

Es bueno para la salud del cerebro porque éste se beneficiado ya que, según investigadores, las bromas activan la parte del cerebro que es importante para el aprendizaje y la comprensión.

Incluso se habla de que mejora la salud del corazón y el sistema inmunológico ya que el cuerpo se vuelve más eficiente para luchar contra las infecciones, se reducen los agentes amenazantes y se ha demostrado que la risa y carcajada relaja los músculos y baja la presión arterial por lo que es una gran manera de mantener el corazón sano y reducir las probabilidades de sufrir un infarto. 

En general, te hace más feliz porque es una de las cualidades más adaptativas y saludables ya que la risa mejora el estado de ánimo, ayuda a sentirnos mejor con uno mismo y de la vida general.

 

**Pautas para desarrollar el sentido del humor como herramienta social 

  1. Reírte de ti mismo. Poner humor al drama es alejar el drama. Jamás hay que evitar afrontar las situaciones difíciles ya que éstas no son malas, son solo entre “difíciles” porque exigen poner en práctica herramientas como la templanza, la serenidad, la gestión de las emociones y el saber mantener a raya los pensamientos con carga limitante. Reírse de uno mismo hace que se mantenga a raya la culpabilidad, el victimismo y la autocompasión excesiva. Reírse de nuestras propias situaciones nos regala un estado emocional positivo para con nosotros y para los que nos rodean.
  2. La sonrisa. Focalizar la sonrisa en la cara como el gesto prioritario a utilizar por nosotros el 99% de las situaciones. ¿Qué es lo contrario a sonreír? Estar en modo neutro y desde ahí guiar nuestra comunicación no verbal hacia las muecas de enfado, angustia, tristeza o desprecio. Esta carta de presentación de da seriedad excesiva a nuestro estado emocional y coloca a los demás en postura de defensa. La sonrisa es la antesala a la risa, ésta a la carcajada y ésta a su vez al sentido del humor. Hay que hacer la prueba en algún momento: probemos a sonreír a alguien con mueca seria y veamos cuántos segundos tarda en devolvernos una sonrisa igual o mayor que la nuestra.
  3. Positivismo. La realidad no existe. La realidad es una consecuencia de las gafas que utilicemos para mirarla. Unas gafas con cristal negro oscurecen las situaciones a las que nos enfrentamos; unas gafas con cristal de colores pastel ayudar a vivir nuestra realidad de manera liviana, lejana a lo dramático. Lo mismo ocurre con nuestro lenguaje interno: dependiendo del discurso que elijamos para hablarnos, así será la realidad que disfrutemos. Pensemos en esto, por ejemplo, la distinción entre afrontar las contrariedades versus enfrentar los dramas. Simplemente con este enunciado nos podremos dar cuenta de que podemos modificar la realidad según la tendencia a lo positivo o negativo que tengamos.
  4. Magnificación y minimización. Se trata de una distorsión cognitiva, es decir, una errónea interpretación de la realidad. Magnificar los errores propios y minimizar los errores de los demás, así como minimizar nuestros éxitos y magnificar los éxitos de los demás, hace que esta distorsión genere frustración. En primer lugar, porque nos comparamos con los demás, cosa que hacemos demasiado alegremente, cuando solo tenemos que comparar las medidas de un traje que nos vamos a comprar. La comparación ya en sí misma es una distorsión que nos hace estar continuamente viendo lo que nos falta y no lo que tenemos. De esta manera, la atención a la realidad es una atención selectiva a lo negativo o lo sacamos de contexto e ignoramos otros hechos del fortunio que tenemos simplemente por estar vivos. Por tanto, atender a la realidad magnificando nuestros triunfos y minimizando nuestros errores realmente es una manera de ayudar a la herramienta del sentido del humor como herramienta social.
  5. El quinto es mantener el egocentrismo rajatabla. Ser egocéntrico hace que la atención se dirija solo a nosotros, de esta forma también estamos orientados a la exigencia y el perfeccionismo, que son la antítesis de sentido del humor. Alejarnos de la del teatro de nuestra vida desde la escena o guion, significa que vemos las cosas con perspectiva y cambiamos el enfoque de estar obsesionados en lo que hacemos, en lo que no hacemos, en lo que hacen los demás y lo que no hacen los demás. Tenemos que orientar la atención más hacia nuestro ser, nuestra esencia, más que al hacer porque el hacer nuestro y el de los demás continuamente se puede poner en duda y bajo crítica. Por lo que necesitamos menos ruido dentro de nosotros y atender más a estímulos que incluso nos da la naturaleza. En conclusión, tenemos siempre que intentar que la música suene mucho más alta que los problemas.

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