Llevo tres años vistiendo (casi) igual y así se ha aligerado mi carga mental

VOGUE

Una historia en primera persona sobre los beneficios que puede tener crear uniformes a la hora de vestir para simplificar decisiones diarias

Vestir casi igual ha aligerado mi carga mental

Nunca he experimentado demasiado a la hora de vestir, pero antes intentaba variar más, probar más e, incluso, ponerme prendas con las que no estaba del todo cómoda pero que me permitían hacer check en esa (otra) tarea mental autoexigida de variar de ropa y hacer que cada día pareciese diferente. Ni siquiera la falta de tiempo que conlleva la maternidad había aliviado esos deberes que me había impuesto a mí misma de llegar a todo siempre (y con un look MUY diferente, claro). Pero desde hace tres años –sí, coincide con la pandemia y con todos esos meses en los que no se salía de casa y la ropa comfy era el nuevo vestido negro– visto prácticamente igual. Vestir ‘prácticamente igual’ no significa necesariamente repetir mucho, aunque es cierto que el consumo consciente y sostenible y el invertir en menos prendas pero de mejor calidad también está siendo otro mantra para mí. Me refiero a crear una especie de uniforme con prendas bastante parecidas en colores, tejidos y patrones que me ayude a aligerar lo que para mí estaba siendo una carga mental. La toma constante de decisiones diarias puede restar energía de forma invisible y en mi caso intentar convencerme de que podía experimentar con la ropa (y sentirme cómoda a la vez) me estaba privando de cierta comodidad mental. Por eso hace tiempo que me he entregué a la compra de prendas básicas –soy de las que se hace con una misma prenda en varios colores y usa muchos vestidos para simplificar aún más–. Con ellas sé que voy a sentirme bien sin quebraderos de cabeza cada mañana a la hora de elegir.

Evidentemente para muchas personas jugar con la ropa y crear looks diferentes cada día es una motivación que les aporta mucha energía. Pero no es mi caso. Y aunque otra alternativa para rebajar cargas de este tipo (sin renunciar a la experimentación en materia de vestir) puede ser preparar la ropa de la semana con antelación en una parte del armario –a imagen y semejanza de como lo hace David Beckham, tal y como él mismo cuenta en su archicomentado documental de Netflix–, puestos a buscar referencias célebres, suscribo la alternativa de la diseñadora Anine Bing. “Soy una de esas alocadas que adora llevar lo mismo cada día. Puede que tenga 20 camisetas blancas y 5 vaqueros iguales. Pero el uniforme es mi forma de vestir. Lo combino con diferentes bolsos o innovo con un blazer”, decía recientemente en su cuenta de Instagram.

Aligerar este tipo de decisiones también es autocuidado

Todo esto llevado al terreno del bienestar mental tiene todo el sentido. “Una gran mayoría de personas dedican mucho tiempo al empezar el día para decidir qué se ponen. Esto llega a resultar agotador mentalmente y nos resta tiempo de calidad para dormir más o desayunar con calma y empezar el día como se merece”, explica la psicóloga Brígida H. Madsen.

Contando esta decisión que he tomado no pretendo focalizarme tanto en el simple hecho de vestir sin complicaciones y con apuestas seguras, sino en el de encontrar alternativas diarias que estén en mi mano para sentirme mejor. Todo suma. “En eso consiste cuidarnos, en detectar aquello que nos sobrepasa y nos genera malestar para trabajar en ello y simplificar al máximo aquello de lo que no podemos prescindir. Hay mucha gente que disfruta de la moda y de experimentar con tejidos, combinaciones y nuevas tendencias, pero también es verdad que incluso en distintos momentos de nuestra vida la rutina de vestirnos puede ser cargante y agotadora, aunque nos guste. Por ejemplo, en épocas de estrés laboral o de crianza, cuando nos falta tiempo para todo, nos puede venir muy bien esa selección de prendas o crear una especie de uniforme que nos siente bien y nos ayude a empezar el día rápidamente sin quebraderos de cabeza”, añade Madsen. La psicóloga Pilar Guerratambién ahonda en los beneficios que tiene aligerar ciertas decisiones cotidianas. “Simplificar decisiones diarias, como la elección de la vestimenta, puede tener un impacto positivo. Nuestra capacidad para tomar decisiones está limitada, y cada elección, por pequeña que sea, consume parte de nuestra energía mental. Al tener un estilo de vestir consistente, reducimos la carga de decisiones, liberando espacio y carga mental para tareas más significativas”, explica.

Aliviar cargas mentales simplificando decisiones rutinarias

Todo depende de cada persona

El bienestar mental se cuida desde que nos levantamos y llevando a cabo acciones basadas en nuestra personalidad y bienestar, entendiendo que cada uno tiene sus ritmos, sus necesidades y sus prioridades. Y que el bienestar de cada persona debe pivotar en torno a ello. Precisamente por eso, hay personas a las que crear uniformes les alivia carga mental y otras a las que no. Se trata de escucharse, conocerse y elegir en función de ello. “Definitivamente, algunas personas encuentran beneficios en crear un conjunto predefinido de prendas porque simplifica el proceso matutino, proporcionando estabilidad y reduciendo la ansiedad asociada con la elección del atuendo. Esto puede ser especialmente útil para aquellos que experimentan estrés decisional o desean enfocar su energía en áreas más importantes de sus vidas”, añade Guerra.

Otras formas de simplificar decisiones diarias

Hay muchas más maneras de aligerar nuestro día a día. En cierta medida se trata de cambiar y también de automatizar y convertir en hábito algunas acciones frecuentes. “Hacerlo no solo ahorra energía mental, sino que también contribuye a una sensación de control y estabilidad en nuestras vidas. En última instancia, se trata de encontrar un equilibrio que se adapte a nuestras necesidades individuales y promueva un mayor bienestar mental”, concluye Guerra, que nos da otras ideas para hacerlo más allá del terreno de la ropa:

  1. Planificar las comidas. “Crear menús semanales o tener opciones saludables fácilmente accesibles puede reducir la carga de decidir qué comer cada día”, dice.
  2. Establecer rutinas matutinas y nocturnas claras. “Así se elimina la necesidad de tomar decisiones sobre cada paso, desde la ducha matutina hasta la hora de acostarse”.
  3. Utilizar recordatorios, alarmas y aplicaciones para automatizar tareas rutinarias como pagos, recordatorios de citas y listas de compras. Todo ello ayuda a ahorrar energía mental.

ARTÍCULO PUBLICADO EN VOGUE

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