SABER ELEGIR UN BUEN PSICÓLOGO

Elegir un psicólogo competente, pasa por que este cumpla el requisito de ser permeable y esté capacitado para tener siempre la intención de querer colaborar con otros profesionales por y para el beneficio de la salud del paciente.

Cuando un individuo comienza a sentirse emocionalmente mal, no tiene por qué saber definir de manera profesional sus síntomas, puesto que generalmente no tiene el vocabulario científico aprendido como para identificar el nombre del trastorno. Pero sí sabe que algo va mal. Y para poder elegir un buen profesional de la psicología, hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

1.- El psicólogo ha de estar muy formado. Por supuesto, buscar su acreditación como licenciado en el colegio oficial de psicólogos, y en redes profesionales, así como en portales oficiales de búsqueda de reserva de citas médicas donde ha de tener reseñas de opiniones de pacientes verificados. Hay muchísimo intrusismo profesional, y no todos los terapeutas son psicólogos ni todos los psicólogos han aprendido a ser terapeutas. Para ser terapeuta, los psicólogos pasan por formaciones específicas donde se forman como psicoterapeutas generalistas, así como especializados en un determinado modelo de intervención. No es lo mismo un psicoterapeuta psicoanalista de la escuela de Freud, que uno conductista de la escuela de Skinner, cognitivo-conductual de la de Ellis y Beck, o humanista de Rogers, y así muchas orientaciones teóricas y muchas especialidades destinadas a elegir con qué tipo de psicoterapeuta elegimos tratarnos. 

Cuando hablamos de sintomatología como depresión, ansiedad, y otros trastornos emocionales y conductuales, es solo el psicólogo especialista en psicología clínica el que está capacitado para tratar estos cuadros mentales. Hay muchos licenciados en psicología, sí, pero la práctica con pacientes que sufren síntomas claros de sufrimiento emocional, solo somos los psicólogos clínicos los que sabemos diagnosticarlos; esto es, asociar los síntomas con categorías diagnósticas que nos marca el DSM-V, nuestro manual de trastornos mentales, de igual manera que un abogado conoce a fondo el código civil y el penal para poder asesorar a un cliente.

2.-El psicólogo ha de estar supervisado y en terapia. Además de una buena y verificada formación, los psicólogos también son personas que pasan por sus propias crisis emocionales acompañadas también de sufrimiento. El que hayan estudiado psicología, no les exime de tener crisis de vida. Un psicólogo ha de haber pasado por su propio tratamiento con otro psicólogo, y haber ejercido de paciente. En los contextos de psicoterapia se da el fenómeno de la transferencia por parte del paciente hacia el terapeuta, donde la persona que estamos tratando tiende a proyectarse en nosotros y canalizar muchas emociones que siente. Es como una pequeña relación personal de laboratorio, donde el paciente emite juicios sobre el terapeuta, y siente emociones con él también. En sentido contrario, también se da el fenómeno de la contratransferencia, que no es sino el importante mundo de emociones que el terapeuta también siente hacia el paciente. Por ello, el terapeuta ha de haber pasado por terapia, para aprender a distanciarse emocionalmente de su paciente.

3.-Un psicoterapeuta ha de tener escucha activa. Este tipo de escucha es necesaria para atender el discurso del paciente para poder entenderle antes de poder contestarle. En esa escucha, el terapeuta tiene que mantener a raya sus juicios y prejuicios en este momento terapéutico. Un buen terapeuta será, por tanto, aquel con el que sintamos una comprensión y escucha excelentes, con el que jamás nos sintamos juzgados, ni presionados en absolutamente nada. Ha de tener un vocabulario imparcial, sin emitir opiniones personales ni consejos gratuitos de corte personal tras los que observemos que pone carga emocional. 

4.-Para la escucha activa se necesita un alto poder de empatía. La empatía es una cualidad humana que permite ponernos en el lugar de los demás y comprender de manera completa lo que pueden estar sintiendo y por donde puede que estén pasando. Para ello el terapeuta ha de tener un altísimo desarrollo emocional de sí mismo, del mundo en general y del paciente que tiene enfrente de manera particular. El psicoterapeuta ha de hacer un gran equipo con el paciente que permita una comunicación abierta, una relación positiva en la que se respire muchísima libertad. Un terapeuta ha de ser una persona abierta, apolítico y aconfesional para con su paciente, donde sepa mantener a rajatabla su ideología para mantener estrictamente sus conocimientos dentro de un marco teórico estrictamente psicológico.

5.- Ser un buen líder es otro de los requisitos fundamentales para ser terapeuta, donde el estar al servicio del paciente sea lo que más importe. El terapeuta es un espejo, una herramienta para que el paciente utilice el espacio terapéutico como un contexto privado de uso personal donde el protagonista sea él y no el psicólogo. “Ego Les” es la base para elegir un psicólogo. No nos fiemos de aquellos profesionales que utilizan el tiempo de terapia para hablar de ellos mismos (es más frecuente de lo que imaginamos). El terapeuta puede por supuesto mostrar aspectos de su vida a modo de ejemplo, y contestar a las preguntas que el paciente pueda hacerle respecto a cosas privadas de su vida, si procede, pero en ningún momento el psicólogo puede emitir ni un ápice de egolatría dentro de este proceso. Además de eso, la relación ha de ser de igualdad, de persona a persona, pero asimétrica: El paciente es el único protagonista y el terapeuta es una persona en segundo plano, aunque su profesionalidad haya que mantenerla como un estandarte de manera impecable.

6.-El psicólogo clínico ha de ser altamente vocacional. Es una profesión muy seria que requiere de mucha formación y de mucha completud por parte del profesional y de una transparencia y sinceridad impecables, por lo que no puede crear demanda, ya que el paciente no es ningún objeto de mercado. Por supuesto que muchísimos profesionales utilizamos la psicoterapia con pacientes como forma de vida profesional, pero hay que tener unos valores humanos muy definidos como para saber separar el interés económico del interés clínico. Un paciente ha de sentir profundamente que el terapeuta tiene una praxis impoluta y que éste celebra la mejoría del paciente para que se consiga el alta de la forma más rápida posible. 

Ser psicoterapeuta consiste en acompañar al paciente en su recorrido hacia la mejora. Desde este prisma, el psicólogo ha de caminar muy cerca de la persona a la que está tratando y estar a su disposición en momentos de urgencia. No creo en los horarios de consulta como si de una tienda de ropa se tratara. Considero que la angustia emocional no tiene horario, y que el paciente ha de saber que en momentos de mucho sufrimiento puede tener nuestro número de teléfono para atenderle y poder sostenerle.

7.- La coherencia es otro de los requisitos básicos de un buen terapeuta clínico. Soy contraria al argumento de que haya que separar la vida profesional de la vida personal. Ser un buen profesional va de la mano de ser una buena persona, y ser una buena persona no solo hay que serlo sino que también hay que demostrarlo. La coherencia viene de la mano de asesorar con el ejemplo. Siempre opino que muchos profesionales de la salud mental deberían de tener una cámara oculta para poder observar lo que hacen fuera de consulta. Un psicólogo clínico ha de tener una estructura de coherencia impecable. Sus emociones han de estar en consonancia con sus ideologías y sus conductas. Desconfío de aquellos profesionales que no manejan de manera discreta sus redes sociales, por ejemplo. Opino que un paciente antes de elegir a la persona en la que va a depositar su confianza, ha de buscar un profesional que le aporte justo eso, confianza, y sus tres patas que son la sinceridad, un histórico profesional y personal intachable, y unas competencias profesionales muy altas.

Si bien un psicólogo es una persona, y las personas cometemos errores y fallos, éste ha de cuidar al máximo su manera de proceder personal para tener una excelente imagen pública, reparando de manera continua sus áreas de mejora.

8.-Un psicólogo clínico ha de tener conocimientos de asistencia primaria; esto es, ser conocedor de una cultura general mínima y de conocimientos básicos sobre medicina y leyes como punto de partida, para saber discernir aspectos relacionados con estas disciplinas. A veces, los síntomas depresivos se pueden confundir con trastornos de la glándula del tiroides o de fatiga crónica, y un paciente con síntomas de ansiedad por una crisis de pareja puede estar rozando el que sea víctima de malos tratos, por lo que no entraría entonces la posibilidad de tratar a este paciente solo desde la psicoterapia, sino que también tendría que ponerse en manos de un abogado.

Un psicólogo responsable, no “psicologiza” a su paciente, sino que ha de tener las competencias suficientes como para saber trabajar con otros profesionales en colaboración, así como saber derivar si el paciente requiere de especialista por una determinada patología. Aquí es donde entra la importante figura del psiquiatra.

Entendemos por psiquiatría “aquella especialidad médica que estudia las enfermedades mentales, sus tipos, causas, cursos y tratamientos.” Se diferencia de la psicología, en que los psiquiatras son médicos especializados en analizar la fisiología de las personas mediante la evaluación de los síntomas que detecten para hacer un diagnóstico y aplicar un tratamiento mediante la farmacología. El psicólogo utiliza herramientas de rehabilitación psicológica, técnicas para que se produzca la mejora emocional, intelectual y conductual de los pacientes.

Elegir un psicólogo competente, a mi juicio pasa por que este cumpla el requisito de ser permeable y esté capacitado para tener siempre la intención de querer colaborar con otros profesionales por y para el beneficio de la salud del paciente. Opino que la mejor manera de trabajar con un paciente es la holística; tratar al paciente como un todo, y ser capaces de saber con qué profesionales hemos de trabajar en equipo. Cuando un paciente acude a nuestra consulta de psicología, hemos de discernir si requiere la asistencia de un psiquiatra, además, ya que en muchas ocasiones la terapia es como un bisturí que abre el alma de las personas que acudimos a terapia. El tratamiento psiquiátrico con psicofarmacología sirve como anestesia para que los psicólogos clínicos podamos sumergirnos en el mundo interior de nuestro paciente sin hacerle daño. Las preguntas en el contexto terapéutico son incisiones en las emociones de los pacientes, por lo que el tratamiento psicofarmacológico es en muchas ocasiones condición necesaria para que un paciente mejore su sintomatología. No todo está en la mente. Hay mucho desorden bioquímico en el mundo de las neuronas, y el sufrimiento emocional viene también como consecuencia de alteraciones en los neurotransmisores encargados de nuestra estabilidad psíquica.

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