CONSEJOS PARA ANIMAR A ACUDIR A UN PROFESIONAL DE LA SALUD MENTAL

La dificultad para acudir a terapia tiene que ver con la dificultad que un individuo para reconocer el porqué debe de ir a terapia. A esto se le llama resistencia.

La dificultad para acudir a terapia tiene que ver con la dificultad que un individuo para reconocer el porqué debe de ir a terapia. A esto se le llama resistencia.

1.-Hemos de ponerles en conocimiento de que el cuerpo humano es anatomía pura, y no hay diferencia entre lo físico y lo psicológico, sino que ambas partes forman un todo y que están íntimamente relacionadas, siendo cada una de ellas causa y consecuencia de la otra.

2.-La resistencia viene dada como consecuencia de una tendencia de carácter negadora, es decir, de cierto atisbo de prejuicio respecto al mundo de las emociones. Está comprobado que las personas que acuden a terapia por reconocer que necesitan tratamiento porque se encuentran mal en algún determinado momento, gozan de mayor salud mental que aquellas que teniendo algún síntoma perturbador, no lo reconocen y no solo no acuden a terapia, sino que se niegan a escuchar a su entorno que empieza a indicarles que necesita ayuda. Hay enfermedades como las adicciones, entre las que destaco el alcoholismo, llamada “la enfermedad de la negación”, donde la adicción se acrecienta porque el paciente no es capaz de reconocer que el alcohol está apropiándose de su vida y que ejerce un control mayor inversamente proporcional al control que ese paciente puede hacer sobre la ingesta de ese alcohol.

3.-Hay que recalcar que no nos queda más remedio que acatar que el paradigma sobre la salud mental ha cambiado, igual que multitud de conceptos han pasado por cambios a lo largo de la historia. La salud mental no pasa por asociar a los profesionales clínicos como especialistas de “locos”, esta es una creencia limitante. La salud mental es una disciplina encargada de la mejora de los sentimientos y emociones, de las conductas y los comportamientos, así como de nuestro mundo de pensamientos y de ideas, para discernir aquellas que son racionales de las que no lo son. Personas con resistencia a acudir a terapia, temen ser estigmatizados de enfermos mentales. Hemos de aplicar la sabia teoría de que reconocer las vulnerabilidades de cada uno parece ser que es la más principal de las fortalezas humanas.

4.-En este sentido, la persona con resistencia a tratamiento de psicoterapia, considera que “puede salir de sus problemas por el mismo”, por lo que no necesita de ningún psicólogo. 

Esto es lo mismo que decir que no quieres ir al médico para operarte del corazón porque prefieres curarte por ti mismo. En esta línea, creo que lo único que falta socialmente es más información y concienciación acerca de que el psicólogo no es una opción sino algo necesario y casi obligado. Al igual que se exige vacunación obligada y revisiones oftalmológicas para el carnet de conducir, se debería instaurar revisiones psicológicas para puestos de trabajo de importancia relevante y de alta responsabilidad. 

5.-El psicólogo no es un juez, sino un profesional facilitador de estabilidad emocional y de desarrollo del potencial humano de las personas. En este sentido, el mundo del coaching ejecutivo ha favorecido el que la salud mental se haya “colado” en las empresas y alcanzado los despachos de los altos ejecutivos y de sus equipos, olvidando las batas blancas de las consultas y normalizando el poder hablar de emociones sin tabúes. 

Los psicólogos clínicos que nos hemos formado en la disciplina de coaching, reconocemos que podemos llegar de manera más rápida las personas para trabajar con ellas retos personales. Esta distinción es muy importante, ya que las personas comienzan a entender que los quiebres no son problemas mentales sino oportunidades de aprendizaje, y que las personas aprendemos por ensayo y error, por lo que los síntomas psicológicos de malestar emocional pueden ser oportunidades de alto crecimiento.

6.-Las personas estamos formadas por actitudes y aptitudes que se consideran fortalezas de nuestra personalidad, y que son deseables que mantengamos porque se consideran aspectos muy favorecedores de nuestro carácter, así como de áreas de mejora, que son por el contrario aquellos aspectos que son merecedores de cambio porque nos restan adaptabilidad en nuestra vida. Las áreas de mejora no son aspectos negativos, sino todo lo contrario. Conocer esos aspectos es poder conocernos de manera más amplia y tener más herramientas para nuestro día a día.

7.-Las personas tenemos cuatro áreas en nuestra anatomía, definidas como área conocida, área desconocida, área oculta y área ciega. Esta última, el área ciega abarca todo aquello que no sabemos. Cuando una persona se resiste a acudir a terapia en muchas ocasiones no solo es porque no conoce sus áreas ciegas, sino porque no sabe ni tan siquiera que las tiene, es decir, que no sabe que hay cosas de ella que no sabe. Los psicólogos hacemos de espejo, y en la mayoría de los casos, hemos de saber comunicar a las personas resistentes que descubrir estos aspectos que desconocen va a permitirles otras posibilidades.

8.-La terapia con un psicólogo se basa en el poder de las conversaciones, y las conversaciones nuevas generan nuevas realidades. Hay personas que sienten miedo ante lo desconocido, y adentrarse en el mundo de las emociones genera temor en las personas resistentes, ya que estas son personas defensivas, tendentes a estar en una posición de alerta y de evitación de afrontar su mundo interno. Quizá estas personas no tengan capacidad para reconocer que son resistentes a un trabajo personal, pero en la mayoría de las ocasiones, sus conductas disruptivas contaminan sus familias, parejas, amigos y ámbito laboral, por lo que la resistencia no puede estar reñida con la responsabilidad. Ser responsables en reconocer que sus síntomas pueden estar dañando a otras personas es un soplo de realidad para afrontar la necesidad de tratamiento.

9.-Las personas resistentes a la terapia suelen tener personalidades negadoras a partir de las cuales son incapaces de reconocer que sienten emociones primitivas como la tristeza, la ira, el enfado, la envidia, los celos, y sentimientos de inferioridad, así como que son vulnerables al mundo de las emociones de sentimientos de inferioridad, fobias, dificultades sociales, así como un sinfín de variaciones en su carácter y de reacciones ante los estímulos externos. Estas personas temen que los psicólogos les diagnostiquemos y les coloquemos un título médico a sus males.  Lejos de esto, los profesionales de la salud mental, no emitimos juicios sobre nada que ocurra en la mente humana. Amamos nuestra profesión y solo nos centramos en ayudar y sostener al paciente para su mejora. No distinguimos entre emociones buenas y malas, ni en lo que es normal y no lo es. Consideramos los síntomas como naturales, ya que forman parte de la naturaleza humana. Quizá el que las personas resistentes conozcan estos matices de nuestra praxis, favorezca el que dejen de temer nuestra figura profesional.

10.-Cada vez más se apuesta por un modo de psicoterapia en el que las etiquetas diagnósticas no son lo relevante. A muchos profesionales no nos gusta dedicar tiempos interminables para llegar a ese temido diagnóstico que cualquier persona resistente teme. Más que observar la psicopatología, observamos todas aquellas áreas del potencial humano que ese paciente tiene sin desarrollar. Estamos del lado de trabajar con las personas desde un modelo de coping y no de mastering, de igual a igual, y más que en pacientes, pensamos en personas. Del mismo modo que podemos tener un catarro y por ello no considerarnos un enfermo físico, podemos y debemos poder pensar, sentir y hacer de manera disfuncional y no por ello etiquetarnos de enfermos mentales. La persona resistente a las terapias ha de estar informado de que afortunadamente estamos en la actualidad en un cambio profundo de paradigma, en el que no va a estar señalado por los demás como alguien anómalo por asistir a terapia, sino que en muy poco tiempo afortunadamente, si hay alguien al que señalar, si es que hay que señalar, va a ser es justo lo contrario: será extraño aquella persona que nunca haya asistido a terapia, porque no se concebirá que el mundo pueda continuar sin formación emocional.

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