VEJEZ Y SALUD MENTAL

El factor más determinante y condicionante está en la sustancia gris, en las mentes en forma de creencias o estereotipos que tiene ser humano sobre el cómo envejecer

Según un estudio de la OMS, existen estereotipos negativos sobre la vejez que nos influyen a nuestra salud mental. Hay muchos factores para envejecer más o menos rápido entre los que se incluye la naturaleza de la carga genética. Sin embargo, el factor más determinante y condicionante está en la sustancia gris, en las mentes en forma de creencias o estereotipos que tiene ser humano sobre el cómo, cuándo y en qué momento debería de ser “estar en la vejez”.

Considero que no se envejece siempre y cuando no nos olvidemos jamás del joven que fuimos. Si a éste lo mantenemos incondicionalmente en nuestro interior, mantendremos una actitud totalmente diferente con respecto a la vejez. 

El envejecimiento es un proceso dentro del ciclo vital y, sin embargo, en nuestra cultura está asociado con algo negativo ya que se condiciona con el final de este ciclo.

Todo esto tiene una causa y no es otra que la cultura que tiene nuestra sociedad acerca de la muerte. Si se teme a la muerte de la forma con la que se vive en nuestra cultura todo aquello que suene a viejo va a tener consecuencias en nuestra salud mental. Los miedos, la angustia vital, la ansiedad generalizada y los síntomas depresivos relacionados con el fin de algo van a primar, frente a vivir el Carpe Diem, el aquí y él ahora qué es el secreto de la eterna juventud.

Curiosamente a la consulta vienen tipos de personas totalmente diferentes a lo que cree la sociedad. Justamente a la consulta vienen personas, mujeres en concreto, cuyo compromiso con el desarrollo emocional es altísimo. Vienen en búsqueda de la mejora de sus áreas ciegas y saben que angustiarse por comenzar a envejecer es una idea limitante. Hay más mujeres preocupadas en exceso y viviendo una tortura emocional fuera de las consultas de psicología, porque el analfabetismo emocional está en las calles. A las consultas vienen personas mucho más sanas que las mujeres que no vienen.

Cambio de percepción

Si la mujer dirige su pensamiento hacia que, llegada determinada edad, lo único a lo que puede aspirar es al deterioro y a la pérdida de su salud mental y física, seguramente esto es lo que sucederá. La proyección, el visionar a largo plazo la vejez está de la mano de la ansiedad anticipatoria, una trampa que asegura al 100% lo que va a ocurrir, cuando desconocemos si esto va a ocurrir o no. Considero que los cambios en la mujer son cambios, pero no cambios a peor. Aquí está la clave: si se asocia el cambio como cambio, entonces no tendremos porqué asociarlo con algo negativo. 

La vejez entonces está en nuestra percepción y la percepción se educa. El envejecimiento si bien culturalmente está considerado como un deterioro, yo tendría que decir que éste se sucede de a poco, con cambios útiles a los que, por supuesto, nos podemos ir a adaptando y habituando, para trabajar el fenómeno de la aceptación, que es lo que se tiene que trabajar. El mal generalizado es que las cosas no se aceptan y ahí está el kit de la cuestión.

Tips para sobrellevar el envejecimiento

Aceptar el envejecimiento y disfrutarlo es la mejor actitud y recomendación. Aceptarnos tal y como somos.

El paso del tiempo es inevitable, la clave está en envejecer de forma positiva, sin tener miedo ni obsesionarse con disimular las marcas de expresión o los cambios físicos.

Tratar de ser nosotros mismos, no lo que esperan los demás, para envejecer con mayor dignidad. 

Al miramos ante el espejo, lo primero que nos decimos de nosotras mismas tiene mucho que ver como el cómo nos relacionamos con los demás. Cuando nos miramos al espejo y decimos: “¡qué vieja estoy!” está delatándonos una parte crítica. Debemos aprender a mirarlos al espejo y decirnos: “hola ¿cómo te encuentras? ¿qué emociones tienes hoy?”.

Existe una tendencia muy generalizada enfocada al consumismo de la perfección, a consumir perfección, no a consumir la calidad. La recomendación sería aceptar la realidad; aceptar el aquí y él ahora, lo que tenemos este instante, este minuto y eso es lo verdaderamente difícil. 

Cuando nos miramos al espejo no tenemos que pensar. Ese es el error. No hay que pensar nada, hay que vivirlo, hay que sentirlo. El ser humano está construido por algo que los psicólogos llamamos estructura de coherencia que justamente es eso: ser coherente con nuestros pensamientos nuestras emociones y nuestro cuerpo. Lo que pasa es que el pensamiento lo distorsionamos, somos seres más racionales de lo que deberíamos de ser. Hay unos prejuicios, unas historias que nos contamos que forman parte ya de nuestro repertorio de ideas, de creencias. Y al mirarnos en el espejo tenemos que hacerlo sin pensar y, de esa manera, conectarnos con lo que es la corporalidad, sin pensamientos. 

Rutina de belleza

Creo que, independientemente de las tendencias de la industria, la cosmética llevada al hábito proporciona bienestar psicológico, en la medida que es una forma de autodisciplina, con efectos observables que nos empodera y, sobre todo, nos hace sentir bien. Para mantener un orden y un equilibrio, la rutina de belleza puede formar parte de un patrón de comportamiento, sin coste, que sale de forma natural, casi automatizada. Todo esto lleva a cuidarnos no solo por fuera sino también por dentro. El cuidado personal nos devuelve a nuestro centro. Fomentamos nuestros sentidos (del olor, del tacto, fundamentalmente) y es una forma de conectar con nosotros mismos. De esta forma, se va compensando el pensamiento, con lo tangible, con la realidad y puede resultar beneficioso para aceptar nuestros cambios físicos.

Edad y sexo

Alcanzar cierta edad no significa que no se pueda disfrutar de todas las facetas vitales, incluida la sexualidad. 

Tener un cuerpo 10 a cierta edad, a no ser que se cuente con una genética especial, es complicado. Sin embargo, el físico no lo es todo. La madurez permite disponer de un mayor autoconocimiento sobre nuestro cuerpo y también de las herramientas para poder disfrutar de una vida sexual plena.

Siempre que dispongamos de buena salud, los cambios en nuestro cuerpo no deberían interferir para gozar del sexo. Más bien al revés, aceptándolos, se puede disfrutar de él con la madurez y la pericia que proporcionan las experiencias vividas.

De hecho, en la mayoría de los adultos sanos, el placer y el interés por el sexo no disminuyen con la edad. Y la edad por sí sola no es un motivo para cambiar las prácticas sexuales. En todo caso, quizá tengan que hacerse algunos ajustes menores para adaptar cualquier limitación física, pero ésta nunca debe ser un impedimento.

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